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UN HOMBRE CON LA IMAGEN DEL DIFUNTO LÍDER SUPREMO DE IRÁN, EL AYATOLA KHAMENEI, EN UNA PROTESTA CONTRA ISRAEL Y LOS ATAQUES DE EEUU CONTRA IRÁN, EN SANÁ, YEMEN.. Foto: REUTERS/Khaled Abdullah

IRÁN: LA GUERRA COMO DISPOSITIVO DE DOMINACIÓN

TODOS CONTRA IRÁN

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El humo se eleva tras una explosión, después de que Israel y Estados Unidos lanzaran ataques contra Irán, en Teherán, Irán. Foto: REUTERS

IRÁN Y LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL COSTO

Un policía inspecciona los daños de un edificio impactado por un misil iraní en Tel Aviv, Israel. Foto: EFE/EPA/ABIR SULTAN

LA GUERRA COMO MEMORIA CRÍTICA

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Irán bajo el acoso asimétrico de dos potencias nucleares y, según la persepción occidental, sin derecho a defenderse.

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IRÁN: LA GUERRA COMO DISPOSITIVO DE DOMINACIÓN comentarios en «3»

  1. Defender al régimen iraní no es ser anti-imperialista, es elegir autoritarismo cuando te conviene.

    Podés criticar a Estados Unidos todo lo que quieras (yo también lo hago, objetividad y criterio ante todo) pero eso no convierte en virtuoso a un régimen que encarcela opositores, limita libertades civiles, persigue disidentes y subordina el poder político a una autoridad religiosa no elegida democráticamente.
    Ejemplo: Si mañana Irán fuera aliado de Estados Unidos, ¿lo seguirías defendiendo?
    Si la respuesta es no, entonces tu postura no es ética, es geopolítica tribal.

    La coherencia moral implica condenar abusos vengan de Washington, Tel Aviv o Teherán. Defender uno solo porque se enfrenta al otro es simplemente cambiar de propaganda. Si tu estándar moral depende únicamente de quién se opone a Occidente, entonces no estás defendiendo valores, estás defendiendo bandos. Y eso no es pensamiento crítico, es fanatismo con otro uniforme.

    1. Respuesta al lector:
      Estimado Nicolas:
      Tu señalamiento sobre las limitaciones de libertades individuales en Irán es válido y necesario. Nadie que defienda la coherencia ética puede negar la represión de opositores, la subordinación del poder político a una autoridad religiosa y las restricciones a derechos civiles. Criticar la agresión imperial no significa idealizar un régimen autoritario.
      Ahora bien, el punto central de mi nota no es exaltar a Irán, sino denunciar la lógica de guerra preventiva y dominación que Estados Unidos e Israel repiten en Medio Oriente. La crítica se dirige a la obscenidad de un sistema internacional que legitima invasiones bajo pretextos difusos, mientras se tolera —o incluso se invisibiliza— la asimetría nuclear y la violencia sistemática de quienes sí ocupan territorios y producen exterminios.
      Algunos argumentos que refuerzan esta posición:
      • Irán no invade países vecinos ni ocupa territorios extranjeros, a diferencia de Israel en Palestina o de Estados Unidos en Irak y Afganistán.
      • La narrativa de “defensa preventiva” es históricamente falaz: se usó en Irak con las supuestas armas de destrucción masiva, y hoy se repite con el programa nuclear iraní, pese a que Irán aceptó inspecciones internacionales mientras Israel nunca permitió revisar su arsenal.
      • La memoria histórica importa: cada intervención militar bajo la bandera de la seguridad ha dejado destrucción, fragmentación y vacío político.
      • La crítica no es tribal, es ética: condenar la represión interna en Irán no invalida denunciar la agresión externa de potencias que se arrogan el derecho de rediseñar el mapa político de Medio Oriente.
      Defender la coherencia moral implica exactamente lo que señalás: condenar abusos vengan de Washington, Tel Aviv o Teherán. Mi nota no busca absolver al régimen iraní, sino subrayar que la guerra no es un camino legítimo para resolver contradicciones políticas ni para imponer hegemonías.
      En definitiva, la defensa de los derechos humanos exige rechazar tanto la represión interna como la agresión externa. La crítica a la guerra es inseparable de la crítica al autoritarismo, porque ambos son dispositivos de poder que niegan la dignidad de los pueblos.
      Gracias por atreverte a discutir respetuosamente. Saludos

      1. Leí tu respuesta y creo que hay un problema metodológico en tu argumento.

        Planteás una crítica válida a la lógica de guerra preventiva y a las intervenciones occidentales (especialmente después del precedente de Irak), pero el análisis pierde consistencia cuando selecciona solo una parte de la realidad regional.

        Decir que Irán “no invade países vecinos” es una afirmación formalmente cierta pero sustancialmente incompleta. Irán lleva décadas proyectando poder mediante milicias y organizaciones armadas en Líbano, Siria, Irak y Yemen. La influencia de Hezbollah, las milicias chiíes iraquíes o los Houthis no es un fenómeno espontáneo; forma parte de una estrategia geopolítica deliberada. No es una invasión convencional, pero sí una forma clara de intervención regional.

        También es problemático reducir el debate nuclear a una narrativa occidental. Irán ocultó instalaciones nucleares durante años y ha tenido conflictos reiterados con los mecanismos de inspección internacional. Que Israel no haya firmado ciertos acuerdos no convierte automáticamente en infundadas las preocupaciones sobre proliferación.

        Por último, hay una cuestión de coherencia analítica. Criticar el intervencionismo estadounidense es legítimo, pero si ese análisis termina relativizando el comportamiento de otros actores regionales, el resultado no es una crítica al poder sino simplemente un cambio de foco moral.

        La coherencia ética que mencionás exige aplicar el mismo estándar a todos los actores: condenar las intervenciones de Estados Unidos cuando ocurren, pero también reconocer las estrategias de influencia y desestabilización que otros Estados ejercen en la región. De lo contrario, el análisis deja de ser una crítica al poder y se convierte en una lectura parcial del conflicto.

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