VIOLENCIA SEXUAL COMO PROYECTO COLONIAL
Era más que violencia explícita, «era lo más profundo del infierno». Así describió Mohammed Qaoud, un periodista de Gaza, su detención por parte de las fuerzas israelíes en el infame campo de concentración de Sde Teiman.
La frase de Qaoud, menos que un testimonio, es un epitafio anticipado para una humanidad que se niega a mirar de frente. Gaza se ha convertido en un laboratorio del horror, un espacio donde la violencia deja de ser un accidente y se transforma en método, en sistema, en ritual. El campo de Sde Teiman, con sus corredores de humillación y sus ceremonias de tortura, es apenas un nodo visible de una maquinaria más vasta: la del colonialismo que se alimenta de cuerpos, intimidades y memorias.
La violencia sexual, documentada por el Colectivo Feminista Palestino (PFC) podría pensarse como un exceso aislado, pero en realidad forma parte de un engranaje central del proyecto sionista. Golpes en los genitales, violaciones con animales adiestrados, destrucción de clínicas de fertilidad: cada acto busca quebrar no solo al individuo, sino a la continuidad misma de la sociedad palestina. Se trata de un ataque contra la reproducción biológica y cultural, contra la posibilidad de que exista un futuro palestino. La guerra se libra en los úteros, en los hogares, en los cuerpos que deberían ser refugio y se convierten en trincheras.
Violencia explícita: Fragmento de la grabación de la violación en grupo en Sde Teiman a un prisionero palestino.
El informe del PFC revela la continuidad histórica de estas prácticas: desde la Nakba hasta la Intifada, desde los puestos de control hasta las prisiones secretas. La violencia sexualizada es el lenguaje del colonizador, un idioma que humilla, fragmenta y destruye. Algunos podrían culpar, como excusa lavadora de pecados a Netanyahu , a Ben-Gurión o al sionismo colonizador, pero en realidad es el sistema entero el que está diseñado para producir degradación. La ilusión de un colonialismo «progresista» se derrumba frente a la evidencia: el colonialismo es violencia en estado puro, como advirtió Fanon, y solo cede ante la descolonización.
La destrucción de la clínica Basmah, con miles de embriones reducidos a cenizas, es un símbolo brutal: además de matar también se logra impedir que nazca. La muerte de los gemelos de Rania Abu Anza, tras una década de tratamientos, condensa la tragedia: la vida palestina es asediada incluso antes de existir. La maternidad se convierte en campo de batalla, el parto en un acto de resistencia.

La clínica de fertilidad Al Basma, en la ciudad de Gaza, que fue derribada por un único proyectil lanzado por un tanque israelí.(Foto: Reuters)
DEGRADACIÓN Y COLONIZACIÓN A TRAVÉS DE LA VIOLENCIA
El mundo, mientras tanto, ante tanta violencia explícita, se debate entre la indiferencia y la complicidad. Los informes de Naciones Unidas, los testimonios de sobrevivientes, las imágenes de hospitales bombardeados: todo está ahí, pero la conciencia global parece anestesiada. La violencia se normaliza, se convierte en ruido de fondo. Y sin embargo, cada relato, cada cuerpo marcado, cada vida truncada exige un grito: esto es, además de una aberración de la guerra, un proyecto genocida.
Gaza como prisión al aire libre es un derivado del proceso de Oslo de hace más de 30 años, y eso lo conecta el genocidio reciente. La estrategia israelí implica el uso periódico de la violencia, la tortura, la opresión y la búsqueda de una desmoralización de los palestinos. Algo que busca ocultarse con promesas falsas en negociaciones respaldadas internacionalmente. Su intención es, a través de ello, endurecer la fragmentación y el despojo continuos del pueblo palestino.

El tristemente célebre centro de detención de Sde Teiman.
La justicia, para Palestina, no llegará sólo con gestos diplomáticos o con una reforma política. Solo la descolonización definitiva —la devolución de la tierra, la restitución de la dignidad— puede poner fin a décadas de tortura. Mientras tanto, el mundo debe decidir si seguirá mirando hacia otro lado o si asumirá que el infierno descrito por Qaoud no es un lugar remoto, sino un espejo que nos devuelve nuestra propia cobardía.
Este sitio web está plagado de artículos sobre el genocidio en el campo de concentración a cielo abierto que es Gaza, no solamente para informar sino también para provocar conciencia, dado que la violencia en Palestina es un sistema metódico y programado. En consecuencia, como todo sistema, puede ser desmantelado. La pregunta es si habrá voluntad de hacerlo.
Alejandro Lamaisón