RESCATE SUICIDA
¿Por qué Estados Unidos acaba de aprobar un rescate para Argentina con un salvavidas de US$ 20.000 millones?
Según el relato oficial es porque el presidente Donald Trump siente especial cariño por el «doctor» Milei y su «especialidad en crecimiento económico con o sin dinero» y por las exóticas tierras patagónicas, principalmente la zona que abarca desde Tierra del Fuego hacia la Antártida.
Pero la razón, la lógica y la experiencia nos indica otra cosa. Nos dice que este «rescate» es probablemente para beneficiar a los grandes administradores de fondos que poseen deuda y activos argentinos, tales cómo Black Rock, quien no necesita presentación, o el multimillonario Rob Citrone, un administrador de fondos de cobertura con gigantescas inversiones en nuestro país.
Otro de los motivos y quizá el más verosímil, es que sea por razones geopoíticas. Scott Bessent, secretario del tesoro, confirmó este jueves en redes sociales que “esa narrativa de que estamos ayudando a ricos estadounidenses con intereses allá no podría estar más alejada de la realidad”…“Lo que estamos haciendo es mantener el interés estratégico de Estados Unidos en el hemisferio occidental”.
Mientras tanto, los agricultores (farmers) norteamericanos se preguntan indignados: ¿Por qué EE.UU. realiza un rescate a la Argentina mientras se apodera del mayor mercado de los productores de soja estadounidenses?
Porque hay que aprovechar el momento exepcional en que el gobierno más entreguista y cipayo de la historia está gobernando en estos momentos el país más rico de sudamérica, con la anuencia de una sociedad que lo eligió en las urnas a través de un voto mayoritario y arrasador.

Un rescate que vine acompañado de genuflexión y sometimiento absoluto de Milei a los Estados Unidos
En este sentido Scott Bessent dijo que la administración ha finalizado un acuerdo de canje de divisas (o “swap”) por US$ 20.000 millones con el banco central de Argentina, lo que permitirá intercambiar su moneda local por dólares estadounidenses.
En el centro de la ciudad, donde los edificios murmuran en clave bursátil y los semáforos parpadean como algoritmos nerviosos, el Tesoro de los Estados Unidos compró pesos argentinos. No fue una transacción, fue un «rescate». Un acto de ventriloquía monetaria. El dólar, ese dios sin rostro, fue contenido dentro de su banda como un animal de circo. Y la Argentina, una vez más, se inclinó ante el truco.
Según el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, esta es solo la cuarta vez desde 1996 que Estados Unidos compra la moneda de otro país.
Pero la calma es una ficción. Un decorado de cifras que oculta el temblor. Mientras el dólar se mantiene en su corral técnico, los salarios se desangran en cámara lenta. Las paritarias, otrora rituales de resistencia, se han convertido en trámites burocráticos que no alcanzan ni a rozar la inflación real.
El ritmo de los aumentos salariales es el más bajo en cinco años. Una desaceleración que no es técnica, sino política. Una estrategia de enfriamiento que congela el poder adquisitivo como si fuera un archivo encriptado.
A la espera del dato oficial de septiembre, el Gobierno celebra una “calma inflacionaria” que se sostiene sobre la caída del consumo y el ajuste silencioso de los ingresos. Datos privados anticipan un guarismo por encima del techo del 2,0%.
Pero en las calles, esa cifra no significa nada. Lo que importa es el precio del pan, el boleto de colectivo, el alquiler. Lo que importa es que el salario ya no alcanza para sostener la ficción del ciudadano.
En las oficinas del Ministerio de Economía, los funcionarios hablan en voz baja, como si el aire pudiera grabar. “Grave iliquidez”, dice uno. “Apoyo internacional”, murmura otro. Pero en el fondo saben que lo que se ha activado no es un swap, sino una cesión simbólica. Un trueque de dignidad por estabilidad.
AL RECATE DE LAS REFORMAS
Este salvavidas de plomo que significa el rescate del tesoro de EEUU a dejado a toda la sociedad perpleja, dado que nadie intenta hacer nada para frenarlo. En el poder legislativo sabemos que Milei, pese a no tener mayoría propia para ejecutas las reformas que pretende, ha logrado alianzas tácticas con sectores del PRO, radicalismo con peluca y partidos provinciales conducidos por gobernadores «héroes» que le aprobarían prácticamente todo.
Asimismo, desde la instauración del law fare en el gobierno de Macri, la justicia sólo se ha dedicado a perseguir candidatos opositores a cualquier gobierno de derecha .
Parecería que estamos ante el crimen perfecto, lo que le permitirá a MIlei avanzar en el diseño de la reforma laboral, previsional y del Estado, el sueño húmedo del estrafalario presidente y del círculo rojo
Además, muchas de las medidas de Milei se presentan como decretos o proyectos que aún no violan abiertamente la Constitución, lo que dificulta su impugnación inmediata.
Por otra parte, el gobierno ha creado espacios como el “Consejo de Mayo” para negociar con gobernadores «heroes», empresarios y sindicatos, lo que le permite construir legitimidad paralela y diluir la oposición institucional.
Muchos sectores sienten que las reformas que vendrán no fueron votadas explícitamente, y que el rumbo del país se decide entre acuerdos internacionales y decretos, saltando el Congreso y el debate democrático, pero lamentablement la narrativa de Milei como “salvador” frente al “Estado parasitario” ha calado en parte de la sociedad, lo que debilita la capacidad de movilización popular contra sus medidas.
La reforma previsional, impositiva y del Estado no solo cambian leyes: reconfiguran el tejido institucional, desmantelan estructuras y crean nuevas dependencias. Incluso si Milei perdiera las elecciones, revertir estos cambios llevarían décadas por lo complejo y costoso.
Milei apuesta a que, incluso con derrota legislativa, sus reformas ya estén en marcha y sean difíciles de revertir.
Confía en que el próximo Congreso sea más reformista, y en que el “Plan Argentina Grande Otra Vez” tenga suficiente respaldo simbólico y financiero para sostenerse.
El presidente no solo reforma leyes: reconfigura el imaginario nacional, reemplazando la narrativa de soberanía por la de eficiencia, y la de justicia social por la de libertad de mercado.Esto genera una hegemonía cultural que puede sobrevivir incluso a su mandato.
La escena recuerda a una novela distópica en la que la economía se ve como espectáculo y la Nación como decorado. Allí, el miedo a la muerte se disfraza de consumo. Aquí, el miedo al colapso se disfraza de intervención técnica.
Y mientras tanto, el dólar flota. No como moneda, sino como ideología. Como arquitectura invisible que define lo que puede decirse, comprarse, soñarse. La banda cambiaria no es un límite: es una jaula de oro. Y dentro de ella, la Argentina gira como un satélite sin autonomía.
En la calle, nadie habla de esto. Los noticieros repiten cifras. Los economistas celebran la “confianza de los mercados”. Pero en algún rincón del país – quizás en La Pampa, quizás en una casa de un barrio de clase trabajadora en Santa Rosa, – alguien enciende la radio y escucha la noticia del rescate como quien escucha una rendición.
Porque eso fue. Una rendición sin tanques. Una entrega sin sangre. Una derrota escrita en el lenguaje de las finanzas: RESCATE, donde cada peso comprado por el Tesoro norteamericano es una palabra menos en el diccionario de la soberanía.
Y el silencio, como siempre, cotiza en alza.
Alejandro Lamaisón
EXCELENTE NOTA
Muchas gracias, SBS.