RUIDO BLANCO: LA ILUSIÓN ADMINISTRADA
Hay un ruido blanco en todas las pantallas. Un murmullo estático, como el zumbido del aire acondicionado que nadie escucha hasta que se apaga.
La trilogía Matrix no es cine. Es un espejo. Una máquina que nos devuelve la sospecha: nada de lo que creemos existe. Todo es programa. Todo es ilusión. Los cuerpos conectados. El sueño administrado. La vida como simulacro. Heidegger lo dijo: existencia auténtica, existencia inauténtica. La mayoría elige lo inauténtico. El confort del “se dice”. El rumor que dicta qué leer, qué pensar, qué votar.
La pastilla azul. La comodidad. La ignorancia.
La pastilla roja. El vértigo. La verdad.
Morfeo ofrece la elección. Sartre sentencia: “Si no elijo, también elijo”. La libertad como condena. La duda como semilla.
En Argentina, la Matrix tiene nombre: multimedios. Ejércitos de periodistas desconectados de su moral. La doble moral de las clases dominantes. Lo prohibido para los sometidos, permitido para los sometedores. Eslóganes que circulan como virus: “Los mapuches son terroristas”. “Defendamos la república contra los kukas”.

El ruido de la doble moral y el periodismo canalla desconectado de la Matrix
La repetición crea sentido. La repetición borra memoria. Los próceres convertidos en liberales rabiosos. Los 30.000 desaparecidos reducidos a estadística. Perón, Kirchner y Cristina transformados en caricaturas de odio.
La alienación es un dispositivo. Un borramiento. Un síndrome de Estocolmo hacia los verdugos. 2016: el pueblo vota alegremente el mismo proyecto que en los 70 exterminó a miles de latinoamericanos.
2024: La historia se repite como simulacro. La política como videojuego.
La pregunta persiste: ¿qué pastilla elegimos?
La azul, que nos devuelve al sueño.
La roja, que nos arranca del confort.
Morfeo insiste: “Lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más”. La tarea es desconectar. Recuperar la supremacía del ser humano sobre el capital. Reconstruir la memoria. Crear un instrumental ideológico propio.
La política como acto de liberación y a su vez de redención.
El ruido no cesa.
Pero en el ruido, todavía late la posibilidad de elegir.
EL RUIDO DEL AQUÍ Y AHORA
El ruido blanco no sólo se escucha. Se ve. En el espejo. Surcos alrededor de los ojos indican que el paso del tiepo es implacable. La pregunta: ¿experiencia o simulacro?
El tiempo no basta. Las acciones tampoco.
El mundo se abre en bondades y miserias, y la experiencia se disuelve en el vértigo.
Ochenta años después de la guerra, la crisis nunca terminó, sino que se profundizó.
La dialéctica se desmadró. La riqueza fluye hacia arriba. El proletariado entrega. La clase dominante recibe. Todo con un goce estético parecido al dolor del Marqués de Sade.
El capitalismo depredador en medio de un ruido disfrazado de democracia.
La falacia se valida en pantallas en un fetichismo tecnológico. Odio, prejuicio, mentira.
Marketing político.

Un ruido disfrazado de democracia a través de la conección al goce estético.
Bolivia: una carroza, un muñeco rubio, un Evo de cartón pateado en el culo.
La multitud aplaude.
Rostros indígenas.
Niños al hombro.
Brasil: Bolsonaro dice que “las negras no sirven ni para ser violadas”.
Una semana después, arrasa en las urnas.
Mayorías populares.
Mayorías negras.
Argentina: Milei anuncia la extinciòn de los derechos del trabajador. El pueblo, en eleccions legislativas, lo posicionan con poder absoluto en ambas cámaras.
Europa: la ultraderecha seduce a los jóvenes.
El eco nazi-fascista regresa.
La historia como loop.
La pregunta: ¿por qué votamos contra nosotros mismos? Suicidio en masa. Paradigma tanático. Y sacrificio humano mediático. La sociedad se ofrece mientras el poder hegemónico gobierna.
La nueva fase del capitalismo es la apropiación del sentido común. Apropiación de la vida.
La democracia se diluye en el libre mercado, mientras concentra poder económico, político y simbólico.
La experiencia no sirve. La tensión crece. Neoliberalismo de ultradrecha contra democracia.
Con la memoria colectiva borrada, el Mayo francés se convierte en archivo. Los setenta reducidos a cicatriz sin duelo. El muro de Berlín como souvenir y la globalización como espectáculo. La computadora como tercera revolución.
Siglo XXI: conciencia en la nube.
Un clon dispuesto a bajarla. La experiencia analógica perdida en el aura extinguida de los objetos viejos.
Benjamin lo anticipó: el vértigo atrofia la experiencia. La edad cronológica no importa.
La madurez tampoco, pues el sabio se convierte en analfabeto social. Un sobreviviente ignoto, un cuerpo atrapado entre algoritmos y fluctuaciones del mercado.
El aquí y ahora es ruido. El aquí y ahora es simulacro. El aquí y ahora es la pregunta que no cesa.
ARGENTINA EN LA MATRIX
La pandemia rompió todo. Una sociedad rota votó un roto.
Llega el hambre, pero… No hay hambre, sino hambreados. No hay pobres, sino empobrecidos, no hay vulnerables, sino vulnerados.
El saqueo vino antes. Un proyecto de miseria planificada durante cuatro años propiciado por Mauricio Macri.
La estructura material quebrada. La superestructura política, jurídica, cultural, también.
La injusticia naturalizada, la responsabilidad borrada y el poder mediático como anestesia.
La memoria perdida desde 1976 permitió a los votantes elegir gobiernos liberales, neoliberales, privatizadores. Todos aplicaron políticas de exterminio social. Todos destruyeron industrias. Todos mutilaron soberanía.
La post verdad regresa como broma grotesca e impone la duda absurda de los treinta mil desaparecidos, de los cientos de exiliados y de una destrucción cruenta del tejido social.
Diciembre de 2015: el retorno. El pueblo lo pidió. ¿Qué pasó? Amnesia colectiva. Odio reciclado, como otrora “Viva el cáncer” en las paredes.
Hoy, odio a la clase popular.
La Libertad Avanza. La justicia putrefacta. Los medios imponen un culpable necesario.
El kirchnerismo convertido en delito. El progresismo convertido en amenaza. La maquinaria mediática inoculando imágenes. Representaciones delictivas y la baja de la edad de punibilidad.
El imaginario social colonizado y la fábula brasilera: La hormiga vota insecticida. Mueren todos, incluso el grillo que se abstuvo.
El encierro de Cristina estimula la anomia colectiva. La pirámide social desdibujada y la empatía perdida.
Madres y Abuelas del pañuelo blanco miran atónitas cómo el proyecto de dignidad histórica se apaga. Como estrellas en su etapa final. Como ellas, en el final de sus vidas.

Estrellas que, después de haber brillado con intensidad incandescente, se apagan de a poco, mientras la sociedad, conectada a la Matrix, ni siquiera saben que alumbraron por décadas el camino de la resistencia.
La Matrix ultraliberal se acepta cómodamente, recargada. Pastilla azul aceptada cómodamente.
Con Milei surge una ultra derecha más agresiva. Es el ascenso del fascismo y del nazismo. Pero distinto. No nacionalista. Destructor del Estado. Transnacional.
Jorge Alemán dice: Ultraderechas neoliberales hechas para condicionar. Hechas para absorber. No habrá derecha que no sea ultraderecha.
Alguien incita a la resistencia, como una barrera contra el fantasma del libre mercado.
Aún en medio del ruido grisáceo de la pobreza, aún en el ruido eléctrico del flujo incierto de capitales, aún en el mercado errático que todo lo absorve.
La Matrix intenta apoderarse de los cuerpos a través del ruido blanco, pero afortunadamente no destruye del todo las fuerzas productivas ni las intelectuales.
Debe ser ahora. A corto plazo.
Porque en el largo plazo seremos cuerpos desechables. Mercancía. Alimento para el sistema.
En medio del ruido que todo lo coloniza, todavía persiste la grieta luminosa de la elección: ser simulacro o ser memoria.
Alejandro Lamaisón
…Continuará…