UN ORDEN INTERNACIONAL EN CRISIS
En la conferencia de Kuala Lumpur, titulada “Hacia un nuevo orden internacional justo y humano”, el viceministro de Relaciones Internacionales y Cooperación de Sudáfrica, Alvin Botes, denunció la parálisis del sistema jurídico global. Según Botes, el andamiaje construido tras las guerras mundiales se encuentra debilitado por la “aplicación selectiva de las normas, la impunidad de las grandes potencias y la falta de voluntad política colectiva”.
El discurso subrayó que la defensa del derecho supranacional no puede limitarse a la retórica: requiere acción coordinada y audaz. Botes recordó que Sudáfrica presentó una denuncia contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia por violaciones a la Convención sobre el Genocidio en Gaza, como ejemplo de compromiso con los principios universales.
LA HIPOCRESÍA INTERNACIONAL EN EL PODER Y EL CASO PALESTINO
El nuevo orden internacional sufre una crisis difícil de revertir. El viceministro sudafricano señaló que la situación en Gaza es un ejemplo brutal de la falta de voluntad política para implementar las normas internacionales. “El derecho existe, pero no se aplica”, y la impunidad de Israel frente a resoluciones de la ONU y fallos de tribunales internacionales erosiona la credibilidad del sistema. “Al permitir estas violaciones, nos convertimos en cómplices”, advirtió Botes, llamando a la comunidad internacional a recuperar el centro moral del orden global.
Precisamente, el significado cruel de cada bomba que cae y cada frontera que se militariza no solo destruye ciudades: arranca raíces, desgarra memorias y obliga a miles a emprender un éxodo marcado por el despojo, la intemperie y la angustia de asumir que los derechos humanos han dejado de existir.
NUEVO ATROPELLO INTERNACIONAL: LA AMENAZA A VENEZUELA
Este llamado internacional adquiere mayor relevancia en el contexto latinoamericano. En los últimos meses, la región ha sido sacudida por la escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, marcada por el cierre del espacio aéreo venezolano, el despliegue de fuerzas estadounidenses en el Caribe y ataques a embarcaciones bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.

Cooperación internacional: Venezuela y Sudáfrica evalúan fortalecer las relaciones bilaterales.
Analistas advierten que la presión ejercida por Washington, bajo la administración de Donald Trump, “podría desembocar en una intervención militar directa”. La inclusión del Cártel de los Soles en la lista de organizaciones terroristas ha colocado al gobierno de Nicolás Maduro en la mira, mientras se multiplican los ejercicios militares en la región. Esta amenaza no solo redefine el equilibrio geopolítico latinoamericano, sino que también pone en evidencia la selectividad con la que se invoca el derecho supranacional: se exige cumplimiento en unos casos, mientras se ignora en otros.
PARALELISMOS Y ADVERTENCIAS EN EL ORDEN INTERNACIONAL
La denuncia de Alvin Botes sobre la erosión del derecho internacional encuentra eco en la situación venezolana. Si el principio de soberanía y no intervención es vulnerado en América Latina, el sistema multilateral pierde legitimidad. La amenaza de invasión a Venezuela se convierte en un espejo de las advertencias sudafricanas: el derecho internacional corre el riesgo de ser reescrito por quienes tienen poder para desafiarlo.
El discurso en Kuala Lumpur y la crisis en Venezuela convergen en un mismo dilema: ¿puede la comunidad mundial sostener un orden basado en normas si permite que la fuerza prevalezca sobre el derecho? Botes llamó a fortalecer plataformas como la Unión Africana, el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de La Haya para recuperar la centralidad moral del Sur Global. En América Latina, la defensa de Venezuela frente a la amenaza de intervención se convierte en un test de coherencia para quienes proclaman la vigencia del derecho internacional.
A MODO DE CONCLUSIÓN
La voz de Alvin Botes resuena más allá de Kuala Lumpur. La defensa del derecho internacional no es un debate abstracto: se juega en Gaza, en Caracas y en cada territorio donde la fuerza amenaza con imponerse sobre la ley. La pregunta que queda abierta es si la mayoría global tendrá el coraje de actuar colectivamente para impedir que el siglo XXI repita las sombras del pasado, de guerras que convierten a las personas en sombras errantes, en cuerpos que cargan con la nostalgia de lo perdido y la incertidumbre de lo que vendrá.
Migrar bajo el fuego no es elegir, es sobrevivir. Y ese sobrevivir, impuesto por la violencia y la impunidad, es el rostro más devastador de un orden mundial que ha olvidado su promesa de justicia. Si el derecho internacional se convierte en papel mojado, entonces los desplazados del mundo son la prueba viviente de nuestra derrota colectiva.
Alejandro Lamaisón