LUCHA SOCIAL Y RESISTENCIA SIMBÓLICA
Desde el punto de vista de las discusiones dialécticas, la resistencia es la capacidad o acción de oponerse, desafiar y aguantar a un poder o sistema o dominación, buscando preservar la autonomía y transformar las condiciones opresivas.
El texto rebelde se mueve como cámara de vigilancia: registra el ruido, la saturación, la imposibilidad de silencio. La sociedad aparece como un collage de imágenes, slogans, cuerpos en movimiento. La resistencia es estética y política a la vez, un intento de sostener la mirada en medio del vértigo.

El retrato de una joven con una flor durante una protesta de resistencia a la guerra de Vietnam se ha convertido en un imagen icónica. Marc Roboud
La sociedad comienza a polarizarse, como un zumbido eléctrico que atraviesa las calles, los celulares, los cuerpos. La representación democrática se convierte en un teatro de voces que se superponen, se anulan, se repiten como eco que rebota en paredes de cristal. La ciudadanía busca información, pero lo que encuentra son fragmentos, titulares que se disuelven en la velocidad de la transmisión.
Elecciones, protestas, movimientos sociales: cada gesto es un signo que se multiplica en la superficie, cada consigna un intento de fijar sentido en un mundo que se resiste a ser narrado.
La vida cotidiana se vuelve política en las salas de espera de hospitales desfinanciados, en las colas del supermercado, en la discusión mínima sobre precios, en la sospecha de que todo está intervenido por fuerzas invisibles. La resistencia no es épica: es un murmullo, una persistencia, una obstinación en seguir nombrando lo que se deshace.
Mientras tanto, la polarización de quienes representan al pueblo es un sistema meteorológico: barométrico, persistente, una presión que cae sobre el tejido social. La representación democrática se convierte en un artefacto de repetición: discursos que rebotan, desmentidas que se desmienten, una sala de espejos. La gente busca información como quien busca refugio: elecciones, protestas, movimientos sociales; cada dato una cuerda, cada cifra un fragmento de mapa, y el mapa siempre incompleto.
La política ocupa la cocina y la parada del colectivo, el turno en el hospital y el saldo del celular. La resistencia, aquí, es el acto mínimo de sostener el significado cuando el significado se licúa.
LA RESISTENCIA EN LA CULTURA
En paralelo, la cultura audiovisual se convierte en espejo y en profecía de la resistencia. El Eternauta regresa como fantasma colectivo, recordándonos que la invasión siempre es posible, que la nieve puede caer de nuevo sobre Buenos Aires. Como contrapartida, Homo Argentum es un espejo que devuelve la imagen fragmentada: identidad en tensión, mitologías en prueba de estrés y decadencia del arte.
No es entretenimiento: es gramática de la época.

Reinventar los consumos culturales – colonizados por el imperio americano- también es una forma de resistencia.
El consumo cultural ya no es esparcimiento: es ritual, es campo de batalla simbólico. Las series, los fenómenos virales, los debates en redes sociales funcionan como una cartografía de las aspiraciones colectivas. Lo que se mira, lo que se comenta, lo que se comparte: todo es política disfrazada de ficción, todo es memoria que se reescribe en tiempo real.
La política libertaria opera como estética de la interrupción: cortar, desregular, licuar. El Estado se retira y la salud se convierte en mercancía que fluctúa con el humor del mercado. El DNU 70/23 instala un lenguaje: competencia, libertad de precios, eficiencia. En ese lenguaje, la prevención es gasto, los hospitales son empresas, los profesionales son prescindibles. La motosierra no es metáfora: es un modo de habitar lo público.
RESISTENCIA AL DESGUACE DEL ESTADO
Una de las críticas del sistema a la resistencia discursiva de Librepensante es su falta de datos duros u “objetividad”. Perfecto, desmintámosla:
Datos duros del desguace:
- Licuación del financiamiento: El gasto del Ministerio de Salud cae en términos reales; el poder de compra se deshace como sal en agua. La proyección: menos Estado, menos programas, menos insumos.
- Colapso de programas federales: Remediar, los botiquines esenciales en más de 8 mil CAPS, se desarma. La geografía de la atención primaria pierde su esqueleto.
- Medicamentos por las nubes: Aumentos intermensuales del 20 al 40 por ciento en fármacos crónicos; el gasto de bolsillo sube, la continuidad de tratamientos cae. La receta pasa a venta libre, la cobertura se retira, el costo se traslada al cuerpo.
- Hospitales vulnerados: Posadas registra 300 despidos; servicios quedan inoperativos. El Bonaparte pierde el 30 por ciento de su planta. Garrahan, con la mitad de los trasplantes pediátricos del país y más de un tercio del cáncer infantil, navega entre vetos y parches. La emergencia pediátrica se vuelve negociación salarial en diferido.
- Prevención desmantelada: El ENIA se recorta: presupuesto -70%, 600 agentes desvinculados, 64% en insumos de salud sexual y reproductiva. VIH, hepatitis, tuberculosis: direcciones diezmadas. La política de futuro se convierte en estadística de riesgo.
- Trabajo y ciencia en retroceso: La residencia deja de ser trabajo, la ciencia y el sistema nuclear se desguazan, el caso fentanilo expone la fragilidad del control. La excepción se normaliza.
VIDA COTIDIANA DESREGULADA
El nuevo imaginario propuesto por el universo libertario tiene un precio aterrador: Costo simbólico: La salud deja de ser derecho y se nombra mercancía; el lenguaje circula y reprograma la percepción. Costo económico: El hogar absorbe el gasto; el bolsillo se convierte en premura. Costo emocional: La espera se alarga, la incertidumbre se instala, el miedo se vuelve método. Costo político: La experiencia de desamparo traduce la democracia en trámite, en cola, en silencio.
La representación democrática, así, no solo se discute: se siente en el pulso. Un decreto entra por el discurso mediático, lo avala la justicia corrompida y sale por el cuerpo.
Resistir es sostener la mirada. Es nombrar la licuación, registrar el despido, archivar el aumento, mapear la interrupción de tratamientos. Es discutir el DNU como se discute una imagen: encuadre, perspectiva, edición. Resistir es también narrar: fabricar un ritmo contra el ruido, una sintaxis contra el recorte, un inventario de lo que sucede para que suceda menos impunemente.
Aunque la justicia continúe mirando hacia el lado mezquino de sus integrantes.
Aunque la flor de la conciencia colectiva tarde en brotar.
Porque aún en la intemperie, cuando el Estado se retira y la justicia se encierra en su vileza, queda la obstinación de los cuerpos que no se rinden. Queda la palabra como semilla, el gesto como memoria, que es canto: Un canto frágil, humano, de resistencia, para que mañana todavía exista un nosotros.
Alejandro Lamaisón