UNA FRANJA SIN TIEMPO
Gaza, noviembre de 2025: tras la tregua impulsada por Trump, la Franja se convierte en un teatro de estabilización internacional, mientras los túneles de Hamas y los gestos de Netanyahu configuran una coreografía de sombras y simulacros.
La Franja como signo: Gaza en el tiempo suspendido
La tregua llegó como llegan las cosas en esta era: con una rueda de prensa, una imagen pixelada de Trump y Netanyahu en Jerusalén, y una frase que se repite como un rezo: “Muy pronto”. Muy pronto la paz, muy pronto la fuerza internacional, muy pronto la reconstrucción. Pero Gaza no conoce el tiempo lineal. Gaza es un pliegue, un túnel, un eco.
En la zona que Israel controla desde el acuerdo, un batallón de Hamas quedó atrapado. No por error, sino como un bosquejo del futuro compromiso. Los túneles que antes eran arterias de resistencia ahora son piezas de negociación. Trump propone intercambiar libertad por arsenal. Netanyahu no descarta una ofensiva letal. La ONU pide ayuda humanitaria. La UE promete asistencia. Pero Gaza no responde. Gaza observa.
Desde mi ventana -una grieta en el muro de la realidad- veo cómo los drones trazan líneas sobre el cielo. Son líneas que no existen, pero que todos obedecen. La paz, en este contexto, es una coreografía de simulacros. La fuerza internacional que Trump promete coordinar será desplegada “muy pronto”. Pero ¿qué estabiliza una fuerza que llega después de la masacre?
La carnicería, por cierto, no terminó. Solo cambió de forma. Las explosiones del 9 de octubre aún resuenan en los huesos de los niños que no tienen nombre. El acuerdo fue recibido con optimismo por los actores internacionales. La Franja de Gaza no actúa. Gaza resiste. Gaza recuerda.
Podríamos describirlo como una escena en cámara lenta: un soldado israelí destruyendo un túnel, un fedayín escondido con un walkie-talkie, una periodista que transmite desde un búnker mientras el mundo mira otra cosa. El lenguaje se vuelve opaco, como si las palabras ya no pudieran contener el horror. “Estabilización”, “negociación”, “acuerdo”: todos términos que flotan como polvo sobre los escombros que tapan cadáveres, que tapan la idea de razón.

¿Que hay bajo los escombros de la Franja de Gaza? Quizá los restos de la vergüenza humana, de una raza «humana» que ya no será igual a partir de ahora.
El hombre desde la ventana observa, registra. Traduce el absurdo en fragmentos mentales mientras piensa:
“Trump dice que la paz llegará muy pronto. En la Franja de Gaza, el tiempo no llega. Solo se repite.”
OTRA MIRADA SOBRE LA FRANJA
Si el hombre de la ventana fuera periodista escribiría en su diario del absurdo:
Gaza como signo, Trump como eco. Nota escrita. por un periodista que vio demasiado, desde el margen del mundo.
Fecha: 11 de noviembre de 2025. Ubicación: Franja de Gaza, o lo que queda de ella.
I. El acuerdo como espectáculo
Trump apareció en pantalla como un holograma de sí mismo. Dijo “muy pronto” y el mundo interpretó “ya”. Netanyahu asintió con la mandíbula. Hamas respondió con silencio. La ONU pidió calma. La calma llegó como llega la ceniza: cubriendo todo, sin apagar nada.
La paz parcial fue anunciada como un logro. Pero Gaza no conoce logros. Conoce treguas que se parecen al olvido. Conoce reconstrucciones que se parecen al saqueo. Conoce fuerzas internacionales que se parecen a ocupaciones.
II. La Franja de Gaza como teatro invertido
En el sur, los túneles de Hamas se convierten en piezas de negociación. Israel controla la zona, pero no el relato. Un batallón quedó atrapado. ¿Error táctico? ¿Mensaje cifrado? ¿Sacrificio ritual?
El periodista observa desde su refugio:
“Los túneles no son rutas. Son memorias. Cada metro excavado es un verso que no se puede borrar.”
La fuerza internacional que Trump promete coordinar aún no llega. Pero ya hay cascos azules en las esquinas, drones sobre los techos, y periodistas que repiten frases como “estabilización”, “reconstrucción”, “esperanza”.
III. El lenguaje como escombro
El periodista describe esta escena como un diálogo entre espectros. Un soldado israelí que no sabe por qué dispara. Un niño palestino que no sabe por qué corre. Un diplomático que no sabe por qué sonríe.
El periodista no escribe. Traduce. Registra. Su diario del absurdo se llena de fragmentos como este:
“La paz llegó como llegan los algoritmos: sin contexto, sin cuerpo, sin alma.”
IV. ¿Qué estabiliza la fuerza internacional?
La pregunta flota como polvo sobre los escombros. ¿Qué estabiliza una fuerza que llega después de la masacre? ¿Qué reconstruye una promesa que no incluye justicia?
La UE promete fondos. Estados Unidos promete presencia. Israel promete seguridad. Gaza no promete nada. Gaza recuerda.
V. La Franja de Gaza como signo
Hoy, Gaza no es solo un lugar. Es un signo. Un nodo simbólico. Un espejo invertido donde el mundo se ve como es: fragmentado, cínico, espectral.
El periodista cierra su columna con una frase que podría ser el título de toda esta era:
“La paz es el nuevo simulacro. Gaza es el original.”
Alejandro Lamaisón
Fuentes: Infobae