El anarcocapitalismo como exterminio tecnofeudal
La República Argentina se ha convertido en un instrumento de tortura tecnofeudal. Javier Milei, con su motosierra conceptual, no solo desmantela el Estado: lo sustituye por un simulacro digital, un gemelo social que reproduce nuestras emociones y las convierte en obediencia. El anarcocapitalismo que proclama no es libertad, es la administración de la población sobrante, la reducción de vidas a estadísticas de hambre, suicidios y enfermedades evitables.

En el mundo tecnofeudal idealizado por Milei no hay campos de exterminio. Simplemente se desfinancia a la población que se considera sobrante.
El discurso libertario se disfraza de emancipación, pero en realidad es un dispositivo de control. Ariel Garbarz, Ingeniero en Electrónica, Ingeniero en Telecomunicaciones, perito judicial y especialista en IA sostiene que la inteligencia artificial, manejada por corporaciones como Palantir, se incrusta en los teléfonos celulares, en las cámaras, en la geolocalización, y desde allí manipula la subjetividad colectiva. No nos dice “votá a Milei”, nos dice “resignate”. Nos dice que no hay alternativa, que el mal menor es inevitable.
La nueva revolución tecnofeudal /neofascista es un genocidio en cámara lenta, un exterminio que no necesita campos de concentración porque se ejecuta en la economía, en la salud pública desfinanciada, en la pedagogía del miedo.
El destino tecnofeudal que nos espera
En la edad media, la forma de producción feudal se sostenía en la tierra; hoy, el extractivismo tecnofeudal se sostiene en el territorio digital. Los señores feudales ya no son terratenientes, son multimillonarios que poseen plataformas capaces de modelar nuestras emociones. Peter Thiel, Elon Musk, Milei: nombres que se repiten en la esfera anarcocapitalista como símbolos de un poder que no necesita ejércitos, porque gobierna desde algoritmos invisibles. El Estado democrático se convierte en un cascarón vacío, incapaz de resistir la presión de estas corporaciones que experimentan con sociedades enteras como si fueran simuladores de vuelo.

El experimento tecnofeudal: Peter Thiel, Elon Musk, Milei, nombres que se repiten en la esfera anarcocapitalista como símbolos de un poder que no necesita ejércitos, porque gobierna desde algoritmos invisibles
La isla Próspera en Honduras es el paraíso tecnofeudal por excelencia: un enclave privado con régimen fiscal propio, donde los trabajadores que lo construyeron no pueden vivir. Milei ofrece escalar ese modelo en Argentina. Es el laboratorio del exterminio social, donde la población sobrante se convierte en material de prueba para algoritmos que predicen reacciones ante recortes, despidos o ajustes.
Nora Merlín y el control de la subjetividad
Nora Merlín habló de la batalla cultural como control de la subjetividad. Lo que antes era hegemonía política ahora es colonización emocional. La inteligencia artificial emocional, incrustada en nuestros celulares, detecta patrones, perfila debilidades, y envía mensajes subliminales que transforman la indignación en resignación. Es el mismo mecanismo que Merlín describía: la captura de la subjetividad para que los pueblos voten a sus verdugos.
La realidad lo muestra con crudeza: mensajes contra Cristina Kirchner o Axel Kicillof no provienen de militantes, sino de bots que fogonean divisiones internas. La contradicción principal -continuidad democrática versus control tecnofeudal- se diluye en peleas internas fabricadas por algoritmos. Es la barbarie digital que Merlín anticipaba: la cultura convertida en documento de exterminio.
Atmósfera de amenaza invisible
La atmósfera es la de un thriller silencioso. La gente pasa veinte horas frente al celular, sin saber que cada gesto, cada emoción, cada tristeza es absorbida por un gemelo digital que la convierte en obediencia. El avance tecnofeudal no se anuncia con tanques en la calle, se anuncia con notificaciones en la pantalla. El exterminio no se ejecuta con fusiles, se ejecuta con algoritmos que deciden qué mensaje recibirá cada ciudadano para aceptar su propia derrota.
El anarcocapitalismo de Milei es la máscara ideológica de este proceso. Bajo la consigna de libertad, se instala un régimen de exterminio lento, donde la población sobrante es descartada y los recursos naturales son entregados a corporaciones que gobiernan desde el territorio digital. La democracia se convierte en un espejismo, un fusible como Adorni, mientras el verdadero poder se ejerce desde las plataformas.
Conclusión
La crítica profunda al anarcocapitalismo no es solo económica: es existencial. Se trata de un proyecto que sustituye la política por algoritmos, la soberanía por plataformas, la vida por simulaciones. Nora Merlín lo advirtió: la batalla cultural es la batalla por la subjetividad. Y hoy esa batalla se libra en las pantallas, en la manipulación emocional que convierte a los pueblos en cómplices de su propio exterminio.
La mátrix tecnofeudal ya nos tiene hiperconectados a través de sus terminales nerviosas: los celulares y el campo de concentración, apenas un sutil murmullo digital que nos mantiene adormecidos y vigilados por un monstruo invisible que pisa fuerte. El tecnofeudalismo no necesita ejércitos, necesita nuestra atención. Y la tiene.
Alejandro Lamaisón