El daño psíquico de Milei y la pérdida de soberanía subjetiva
La entrevista realizada a Yago Franco en el programa «El Tren» por Hugo Presman y Gerardo Yomal ilumina un aspecto que rara vez se aborda con la crudeza necesaria: el efecto psicológico del régimen de Javier Milei sobre el pueblo argentino. La pérdida irrecuperable de soberanía que deja este gobierno debido a sus políticas económicas y de decisiones institucionales apenas es una ínfima parte de lo que verdaderamente está en juego: la soberanía subjetiva, esa capacidad íntima de un sujeto para pensar críticamente, tomar distancia del discurso dominante y elaborar su propia interpretación de la realidad.
Según Franco, el bombardeo constante del discurso dominante afecta la soberanía subjetiva.
La psicopatología del poder
El presidente exhibe un patrón discursivo que no se limita a la crueldad explícita —cuando celebra despidos como un mérito— sino que se inscribe en una lógica de daño psíquico colectivo. Franco lo describe como un “cortocircuito”: un modo de gobernar que no busca administrar el conflicto social, sino exacerbarlo, inflando cifras, dramatizando escenarios apocalípticos y generando un clima de paranoia. La frase “vamos a tener una inflación del 300.000%” funciona como verdad revelada, un dogma que paraliza la capacidad de análisis.

Para Franco, la Política de Milei ha dañado el pensamiento crítico de la sociedad a través de la naturalización de la crueldad.
Algoritmos y caballos de Troya
La pandemia y la explosión de las redes sociales abrieron la puerta a un fenómeno que Franco define como un caballo de Troya digital. El algoritmo no solo organiza la información: penetra en el psiquismo, modela percepciones y erosiona la autonomía subjetiva. En ese terreno, Milei encuentra un campo fértil: una población debilitada, expuesta a mensajes que ingresan sin resistencia, incapaz de elaborar colectivamente el trauma reciente. La política se convierte en espectáculo, y el espectáculo en anestesia.

El algoritmo no solo organiza la información: penetra en el psiquismo
Crueldad como espectáculo
El psicoanálisis permite leer la necesidad de exhibir crueldad como un síntoma. Bajo el camuflaje de la necesidad de tomar decisiones técnicas, se encuentra un goce pulsional en la destrucción del Estado. El presidente se autodefine como “topo” que viene a dinamitar las instituciones, y lo hace con un tono celebratorio. Esa teatralización del daño genera un efecto devastador: normaliza la violencia simbólica y convierte la precariedad en destino inevitable.

La crueldad de Milei normaliza la violencia simbólica en la sociedad, dice Franco.
Consecuencias sociales
El incremento de suicidios en adolescentes, documentado por el Ministerio de Salud, es un indicador brutal de este proceso. Una generación sin futuro, marcada por la ausencia de trabajo en dos generaciones, se enfrenta a la disyuntiva entre la muerte temprana o la incorporación a economías criminales. La pérdida de soberanía subjetiva se traduce en desesperanza, en un estado de Alzheimer generalizado donde nadie sabe de dónde viene ni hacia dónde va.

Las cifras de suicidio adolescente ha llegado a límites inusitados, pero debido a su efecto contagio, está prohibido publicarlas. Es comprensible y necesario.
La historia como advertencia
Franco recuerda que en los años 60 y 70 existía un sujeto autónomo, atravesado por tendencias emancipatorias. Hoy, ese sujeto ha sido reemplazado por una masa atrapada en la lógica algorítmica y en el discurso cruel del poder. La comparación con líderes fascistas del pasado no es literal, pero sí funcional: ya no hace falta un Führer, porque la dominación se ejerce de manera difusa, intersticial, con más fuerza que nunca.

Atrapados por el algoritmo, estima Franco, será muy difícil revelarse contra el fascismo digital al cual nos sometemos diariamente y voluntariamente.
El desafío pendiente
La tarea, entonces, no es solo resistir políticamente, sino recomponer la soberanía subjetiva. Retomar aquello que no pudo ser, como sugiere Mark Fisher: los futuros incumplidos que aún pueden realizarse. La depresión colectiva puede ser un momento de lucidez, un instante para que “caigan las fichas” y se reconozca el daño. Pero si no se elabora, si no se transforma en acción crítica, el riesgo es que el país quede atrapado en una metamorfosis del capital y de la ultraderecha que convierte la vida en mera supervivencia.

El daño psicológico, ese ruido que no permite pensar colectivamente.
En resumen, la entrevista a Franco deja al descubierto que el verdadero peligro del régimen de Milei no reside únicamente en sus políticas económicas, sino en el desmantelamiento psíquico de la sociedad argentina. La pérdida de soberanía subjetiva es la condición que habilita la dominación, y el daño psicológico colectivo es el terreno donde se juega el futuro.
El Eternauta y el virus Milei: psicoanálisis de un arrasamiento colectivo
La entrevista con Yago Franco sobre la pérdida de soberanía subjetiva encuentra un eco poderoso en una de sus publicaciones más recientes, donde interpreta la serie El Eternauta como metáfora de la Argentina actual. Allí, Franco señala que el régimen de ultraderechas no solo destruye instituciones, sino que arrasa con lo común, con el campo simbólico que sostiene la vida psíquica de los sujetos.
El invasor interno
En El Eternauta, el enemigo es externo: una nevada mortal, un invasor que llega de afuera. En la Argentina de Milei, el invasor es interno, un virus que se replica en discursos, redes sociales y políticas de Estado. El propio presidente lo admite en su discurso delirante y hasta a veces esquizofrénico. Esa confesión de su pulsión destructiva revela la intencionalidad de un proyecto que dinamita ministerios, reduce secretarías y elimina derechos adquiridos.

Imagen de «El Eternauta»
Franco advierte que esta destrucción institucional es también una destrucción simbólica: se despoja al sujeto de los lugares de apoyo que le permiten orientarse en la realidad. Sin salud, educación, investigación o cultura, el individuo queda en un estado de desamparo psíquico, expuesto a la crueldad como espectáculo.
El show de la crueldad
El ataque a los jubilados, transmitido en vivo cada semana, se convierte en un ritual televisivo. Un ejército de policías, gendarmes y fuerzas de Prefectura Naval, cuya función es cuidar a la población, desata su furia marcial sobre ancianos, discapacitados, manifestantes y curas villeros exaltando el goce en la exhibición del daño. Se promueven modelos identificatorios como el odiador, el fabulador, el meritócrata. La crueldad se normaliza, y el sujeto se fragmenta. La agenda de los psicoanalistas y los servicios de salud mental está saturada, pero el Estado se retira: no hay un tercero a quien apelar.

Imagen metafórica de una distopía que ya se ha hecho realidad.
En la pandemia, el virus vino de afuera y se combatió con vacunas. Hoy, el virus es el propio gobierno, y la única salida es que el colectivo se convierta en ese tercero que defienda lo común.
Trauma y memoria
El Eternauta reactiva restos traumáticos del terrorismo de Estado: angustia de desamparo, ataques de pánico, caída del deseo. El régimen actual reproduce esas sensaciones, reinstala un pathos melancoide y genera un clima de desesperanza. La diferencia es que ahora el invasor cuenta con el apoyo de buena parte de la sociedad, lo que convierte la resistencia en una tarea más compleja: no puede ser fratricida, debe ser solidaria.
Antivirus colectivos
La pregunta que deja Franco es decisiva: ¿qué antivirus serán necesarios para detener este accionar mortífero? La serie El Eternauta propone la organización grupal, la guerrilla urbana, la solidaridad como única defensa. En la Argentina, la salida será un largo camino de pequeñas confrontaciones, acciones colectivas que reconstruyan el campo simbólico y devuelvan al sujeto su soberanía subjetiva.

El trapo de Malvinas exhibido luego del triunfo de la selección argentina contra Inglaterra es el ejemplo más acabado de resistencia simbólica.
La psicopatología de Milei no es un asunto privado: es un virus social que arrasa con lo común y produce un daño psíquico masivo. El desafío es rebelarse, resistir y recomponer, porque —como dice Franco— la respuesta está soplando en el viento.
Alejandro Lamaisón
Fuente: Entrevista a Yago Franco en el Programa «El Tren» conducido por Hugo Presman y Gerardo Yomal.