EL DEVENIR DE LA VIDA
Si Marx parte de la materialidad de la historia para elaborar toda su filosofía materialista, Nietzsche va a partir de la vida misma para fundamentar su filosofía nihilista basada en la voluntad de poder.
Nietzsche se va a definir cómo un furioso antiplatonista porque considera a la moral platónico- cristiana como antinatural, básicamente por ir en contra de los instintos vitales. Su centro de gravedad no está en este mundo, sino en el más allá, en la realidad en sí, o en el mundo sobrenatural del cristianismo.
Cabe recordar que Platón concibe dos mundos: el sensible y el suprasensible. El mundo sensible es el que habitan los hombres y el mundo suprasensible es aquel que habitan las ideas, que son perfectas y representan lo bello, lo bueno y la verdad. Platón instaura sus valores en el mundo suprasensible, por lo tanto, el hombre, que está en el mundo sensible, es imperfecto.
Nietzsche transmuta esos valores. Elimina el mundo suprasensible y basa su filosofía en el hombre, en el plano de lo sensible y en definitiva en la materialidad de la vida. El hombre es el que trabaja los objetos materiales, por lo tanto, es exclusivamente el hombre el que crea la cultura. En este aspecto coincide con Marx en que es el hombre quien construye la historia a través del materialismo, excepto que para Nietzsche la vida es la base de todo, la cual tendrá determinadas características.

LA FILOSOFÍA DE NIETZSCHE PUEDE REPRESENTARSE EN ESTA IMAGEN DE LA VOLUNTAD DE PODER TRANSMUTANDO EN EL DEVENIR DE LOS TIEMPOS
En primer lugar, la vida es devenir. La vida deviene porque la voluntad de poder es el eje dinámico de la vida. Es ese mismo devenir la voluntad de poder de la vida, con sus cambios, transformaciones y renovaciones.
Dicha voluntad de poder apunta a encarnarse en un tipo especial de hombre, que Nietzsche va a describir minuciosa y obsesivamente a lo largo de toda su obra: El superhombre.
Dirá que el hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre y bajo esa cuerda, lo que hay es un abismo. La cuerda que transita el hombre es el camino para la superación.
La concepción del superhombre planteada por Friedrich Nietzsche se refiere al hombre capaz de superarse a sí mismo y a su naturaleza. Al crear los valores propios, sin ataduras morales, el hombre podrá alcanzar su máximo potencial y convertirse en quien realmente es.
LA VIDA Y EL ESPACIO VITAL
La vida, en Nietzsche, tiene dos valores fundamentales: los valores de conservación y los valores de aumento.
Los valores de conservación dicen que hay vida porque la vida tiende a conservarse. Conservándose va a poder aumentar, pero la vida también sabe que, si solamente se conserva, va a morir. Conservarse, solamente, es morir. Solo aquello que nos hace aumentar, que nos hace tener más vida, nos permite conservar lo que tenemos.
Ese espacio vital que incluye la conservación y el aumento va a ser el escenario de la voluntad de poder, o, dicho de otra manera, la voluntad de poder es el devenir de la vida y la vida progresa sólo si hay voluntad de poder.
La voluntad de poder conquista, obtiene, domina, pero hay algo que la voluntad de poder tiene que querer ante todo, y esto es quererse a sí misma. Quererse a sí mismo por sobre todas las cosas es un impulso vital que sin él, no existe la voluntad de poder. Así como el deseo hegeliano se quería a sí mismo por sobre todas las cosas y no le importaba morir con tal de conservar ese deseo, pues a la voluntad de poder se debe querer a sí misma.
La voluntad de poder advierte que todo lo que conquista lo debe conservar, pero también advierte que, si sólo lo tiene que conservar, se muere, por lo tanto, tiene que aumentar continuamente lo que tiene, su poder y sus conquistas. Es un ir más allá constante, intencionar sobre el mundo, arrojarse al mundo para conquistar.
Todo es voluntad de poder. De allí surgen los países imperialistas, porque siempre tienen que crecer. Rusos, americanos, chinos, etc. son países que no se detienen nunca y siempre están en búsqueda del espacio vital, de sus bienes y de su cultura.
Alejandro Magno, Napoleón, Hitler son los personajes que por excelencia encarnan la voluntad de poder en el concepto de espacio vital. No puede detenerse nunca porque muere, dado que el aumento constante es el devenir de la vida. La vida deviene por esta mecánica vital, esta potencia que tiene la voluntad de poder.
EL ANTICRISTO
En “El Anticristo”, Nietzsche se plantea el origen de los valores y en tal sentido propone subvertirlos, de tal manera que elige la guerra en lugar de la paz, elige el odio en lugar del amor, elige que mueran los débiles y si no mueren aconseja que se los ayude a morir.
No propone vivir sin valores, lo que realmente propone es invertir la tabla de los valores tradicionales, superar la moral occidental, ya que considera que es una moral de renuncia y resentimiento ante la vida con la falsa esperanza de encontrar una vida de ultratumba.
En Genealogía de la Moral Nietzsche vuelca todo su odio hacia la burguesía alemana, dado que ve en ésta la representación de la debilidad humana, la cobardía de la racionalidad extrema del hombre que no arriesga nada para superarse.
Aquí es donde comienza a preguntarse en dónde están los orígenes de la moral, las fuentes de donde surge el problema del bien y del mal.
En este sentido, Nietzsche le atribuye el mal a Dios, dado que fue éste quien creó al demonio; a su vez detesta al cristianismo por la blandura, la bondad y la compasión, atribuyéndole a estos valores negatividad por ser sinónimos de debilidad. Nietzsche busca los valores duros y los rastreará en el medio de los hombres más insensibles y bestiales, como por ejemplo los guerreros y/o los aristócratas.
El objetivo es instaurar valores originales basados en nuevos principios, por lo que va a buscar el origen de esos valores, o sea su genealogía, en el mundo sensible, sanguíneo, brutal: el mundo de las aves de rapiña y de los guerreros (a diferencia de Platón que los buscaba en el mundo suprasensible).
Si la verdad es buena, Nietzsche sostiene que la palabra bueno surge de la aristocracia griega, la que se llamaba a sí misma “los veraces”, aquellos cuya palabra era la verdad, por lo tanto, la aristocracia griega creaba la “verdad”.
Esta verdad, no se trata de una clase social, sino de una clase espiritual, o dicho de otra manera de un elemento filosófico- espiritual de un estamento de la sociedad que, al ser alto de espíritu, es capaz de crear las verdades. De allí extrae Nietzsche la genealogía de la moral.
Marx exige que el proletariado o la plebe se indignen ante la injusticia. Por el contrario, Nietzsche propone que los aristócratas, los superiores, se indignen de las clases oprimidas, de lo bajo, de lo vulgar, de lo plebeyo y los someta. Este será el pathos de la distancia que la aristocracia pone entre ella y el populacho.
La filosofía de Nietzsche se aleja de Dios y de los valores de Jesús, del ascetismo y del cristianismo porque los considera blandos y débiles. En tal sentido buscará la dureza y el coraje en el guerrero y en el aristócrata. Cuanto más despiadado, más verdadero y bueno, mientras que los débiles y sometidos serán los burgueses y el proletariado.
Lo vulgar, para Nietzsche era la burguesía alemana, ramplones lectores de periódicos que nada hacían ni arriesgaban. La clase superior, en cambio, tenía el derecho de reinar sobre las clases inferiores dado que tenían la fuerza, la dureza y el coraje.
Él llama a esa clase superior “la bestia rubia”, en alegoría al vikingo o al samuray.
DIOS HA MUERTO
Esta frase contundente significa para Nietzsche que todos los valores suprasensibles que tuvieran que ver con Dios como instancia suprema, por sobre el hombre y en tanto como instancia fundadora de todo pensamiento, han muerto.
La filosofía de Nietzsche tendrá el fundamento de la vida. La vida es devenir, la vida es potencia y es la verdad, y la verdad es aquello que la voluntad de poder conquista.
Dado que para Nietzsche no hay hechos, sino interpretaciones, entonces ¿Dónde está la verdad? Pues, la verdad es una conquista de la voluntad de poder. Hay cientos de verdades, los diarios escriben cientos de verdades, pero en realidad hay un solo hecho y cientos de interpretaciones. La verdad es la que la voluntad de poder logra imponer. La verdad es una creación del poder.
La verdad es por ejemplo aquella que dicta el medio de comunicación dominante. Se discute la única verdad que el poder mediático impuso en la sociedad. La verdad es hija del poder. Las verdades colisionan entre ellas, pero la que triunfa es la que está respaldada por los medios que tienen la mayor voluntad de poder.
Es un pensamiento belicoso, que concibe a la verdad cómo lucha, como una expresión poderosa de esa voluntad que necesita aumentar constantemente para conservarse, y para aumentar tiene que conquistar e imponer su verdad cómo la única verdad.
En este sentido, Nietzsche va a llamar nihilismo a ese poder que tuvo el pensamiento platónico de las ideas perfectas o el pensamiento religioso sobre la vida, el cual, parapetado en ese pensamiento suprasensible de realidades perfectas, ha nihilizado la vida. Nietzsche le responde nihilizando a Dios.
Dios ha muerto y la verdad, cómo la aurora, comenzará a renacer en el espacio vital de la voluntad de poder.
REVISIÓN DE LOS GRIEGOS
La primera obra de Nietzsche es El Origen de la Tragedia, en la que quiebra el optimismo hegeliano y marxista, basado en que alguna vez una clase social privilegiada iba a ordenar la historia de manera superadora.
Para Nietzsche la historia es caos, verdades que colisionan las unas contras las otras, la lucha por someter un poder al poder del otro para imponer su verdad y así sucesivamente en el devenir de los tiempos.
Es el dionisismo o el culto a Dioniso hecho historia, basado en la esplendidez de la embriaguez; fiestas descontroladas en la cual cada miembro se entrega a sus emociones y a sus instintos.

EL SANTUARIO DE ELEUSIS Y EL CULTO A DIONISIO
Esta concepción dionisíaca de la historia, deshecha la racionalidad de lo apolíneo, en donde el yo se pierde en las fiestas dionisíacas y esa pérdida de la individualidad lo acercará peligrosamente a la locura. Solamente hay que entrar en la fiesta dionisíaca, embriagarse y vivir hasta el extremo de no saber quién es uno mismo.
Por ese motivo, Nietzsche concibe la historia como el ejercicio de la voluntad de poder, el triunfo de los dionisíaco, sanguíneo, barbárico y conquistador a través del dominio de la bestia rubia, de las aves de rapiña y de los guerreros. En definitiva, el dionisismo se opone a lo apolíneo, que es lo cartesiano, la razón, la racionalidad y el control, pues un apolíneo no pierde su individualidad ni se embraga ni jamás perderá su centro.
En el dionisismo, en cambio, se pierde el centro del yo y es anticartesiano porque reniega de la centralidad del ego. El ego se pierde en la fiesta dionisíaca.
Para Nietzsche los instintos son la verdad, y es la razón de occidente la que ha venido a mutilar al hombre. “Todo deseo contenido engendra peste”, por lo tanto, todos los instintos que el hombre contiene en sí a través de la cultura apolíneo burguesa, a través de la piedad, la compasión y el ascetismo cristiano, que censuran los instintos más descontrolados y brutales del hombre, todo eso, genera peste.
Lo que el hombre necesita es entregarse totalmente a sus propios instintos, perder la racionalidad y recuperarse como guerrero bárbaro, como bestia o ave de rapiña.
La fórmula será “instintos, dionisismo y locura” por sobre “lo real es racional y lo racional es real”.
He aquí la aurora de un nuevo mundo y el nacimiento de un nuevo hombre: el superhombre.
Alejandro Lamaisón