ECONOMÍA DE SHOCK
Quien insinúe que el gobierno de Milei- Caputo está fracasando es porque no entiende absolutamente nada de economía y/o de los procesos políticos que se han desarrollado a lo largo del siglo XX y XXI en nuestro país.
Todos los gobiernos liberales tuvieron como objetivo la concentración de la riqueza y la desigualdad social. No falló ni siquiera uno desde el golpe de Uriburu hasta la actualidad.
Por lo tanto, Milei-Caputo están teniendo un éxito abrumador.
Hablemos claro. Hasta 1983 estos gobiernos liberales se imponían a la fuerza asesinando gente y desde 1989 a 1999 a través del engaño y la traición a los votantes, pero a partir de 2015 sucedió algo que sólo la psicología social puede explicar: El propio pueblo, en elecciones libres, eligió entregar sus recursos y ahorros de toda la vida al capitalismo concentrado; dicho en otras palabras, optó por votar a su propio verdugo.
Tanto Macri como Milei han gobernado para el sistema financiero, implementado las medidas a partir del endeudamiento externo y la fuga de capitales. Ambos gobiernos han producido ganancias extraordinarias para el capital financiero nacional e internacional, generando la implosión de la economía real en todas sus variables.

La economía argentina en peligro: Macri felicita a Milei en su asución a la presidencia mientras lo incita a continuar con el desmantelamiento del Estado.
Este libremercado ha logrado bajar los costos laborales mediante la destrucción del salario y el incremento de la desocupación, la apertura indiscriminada de las importaciones, la ausencia de regulación de los capitales financieros y la implementación del “carry trade” para la fuga, destruyendo a todas las Pymes y cualquier otra actividad productiva nacional.
Como una afrenta a la razón, la sociedad argentina continúa aferrándose a un castigo autoimpuesto, repitiendo sin cesar frases inventadas por el establishment como sentencias ineluctables: “para distribuir, primero hay que crecer”, “hay que esperar el derrame”, primero se debe sufrir para luego poder disfrutar”.
Y así pasan las generaciones, soñando la vida de las clases dominante como si fuera la nuestra, mancillando la historia a través de elegir como gobernantes la parte más pervertida y depravada de la pirámide social.
ECONOMÍA CON JUSTICIA SOCIAL
Muchos argentinos que peinan canas dirán que en economía existe la alternativa del modelo desarrollista aludiendo a los cinco años de Frondizi, pero estarían haciéndole el juego a la movilidad social descendente y a la paralización del mercado interno a través del deterioro de los salarios. ¿Por qué?
Porque este modelo –el desarrollista- buscó la industrialización, pero a través del financiamiento de la clase obrera con salarios bajos y la precarización laboral para, supuestamente, fortalecer el ahorro y la inversión del gran empresariado.

En el marco de las políticas desarrollistas, SIAM lanzó su planta de automóviles junto con el resto de las empresas transnacionales (Ford, General Motors) y logró un razonable éxito industrial y comercial.
Dicho proceso de desarrollo industrial suele ser la válvula de escape del poder económico ante la crisis (o el agotamiento) del modelo neoliberal financiero. Su finalidad es la de garantizar que la crisis de los modelos neoliberales financieros la paguen los trabajadores y las Pymes.
En este sentido, el único modelo económico original, que prescinde de las clásicas escuelas inglesas y que asegura un círculo virtuoso de la economía es el justicialismo.
Aunque parezca mentira, hasta detractores del peronismo de la talla de Slavoj Žižek, coinciden en que las leyes y las políticas económicas están diseñadas para crear y conservar la riqueza de los poderosos en detrimento de las clases populares.
El peronismo justicialismo continua vigoroso a pesar del paso del tiempo, de sus líderes y de las coyunturas históricas. Esa fortaleza se basa, principalmente, en haber desarrollado una doctrina propia y un modelo político y económico con probada capacidad para garantizar la justicia social. En términos filosóficos, lo que hace el peronismo es poner al ser humano en el centro de la discusión, es por esto que Perón habla de una economía social.
ECONOMÍA DE LA INDEPENDENCIA
La postura delirante de Milei propagada por sus secuaces mediáticos ha impuesto en el imaginario social que el justicialismo detesta a los empresarios y que rechaza las inversiones privadas, pero la realidad es que el modelo justicialista busca que los distintos sectores de la economía se desarrollen y crezcan.
El problema es que no considera que esto deba suceder a costa del pueblo trabajador, sino junto al pueblo trabajador, situación poco simpática para los empresarios actuales, los cuales buscan la máxima rentabilidad a costa de congelar salarios.
El modelo justicialista cree en el pacto social entre quienes producen, quienes trabajan y el Estado, como las tres patas de un sistema que pueden generar un desarrollo con inclusión verdaderamente sustentable, con distribución equitativa de la riqueza.
Logo de Industria Nacional: Argentina en busca de una economía sustentable a través de la industrialización.
El justicialismo cree que el consumo es un coordinador natural de incentivos al sector privado para que este invierta y pueda expandir su frontera de capacidad productiva, un verdadero círculo virtuoso en el que el trabajador consume lo que fabrica.
La economía justicialista busca principalmente impartir justicia social. Para ello se considera indispensable la independencia económica y la soberanía política. Independencia económica de EEUU, del FMI y de los poderes concentrados que empujan constantemente a un sometimiento económico. Soberanía política, para avanzar con los cambios que como nación consideremos pertinentes en favor de las mayorías que representan el pueblo argentino. Y justicia social, con igualdad de posiciones, porque este modelo se desarrolla en un mundo capitalista fundacionalmente desigual e injusto.
A los argentinos nos quedan sólo dos alternativas: O continuamos creyendo que la economía es una ciencia oculta y dejamos que nuestros gobernantes empeñen nuestro futuro o entendemos de una vez que existen tres modelos de país de los cuales sólo uno incluye al ser humano. Decir cuál es, por su obviedad, está de más.
Alejandro Lamaisón