INVASIÓN SILENCIOSA DE EEUU: MILEI ENTREGA EL PUERTO FUEGUINO
El domingo 25 de enero, un avión del Departamento de Defensa de EEUU aterrizó en el Aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas de Ushuaia. No fue un vuelo cualquiera: se trata de una aeronave militar, un Boeing C-40 Clipper, utilizada para trasladar altos mandos civiles y militares.
Este hecho ocurrió apenas tres días después de la intervención del puerto de Ushuaia por parte del Gobierno nacional, medida que despidió trabajadores y avasalló el federalismo. La coincidencia no es casual: es el signo de una subordinación estratégica que amenaza directamente nuestra soberanía.
El silencio del Poder Ejecutivo y la falta de explicaciones oficiales profundizan la sospecha: ¿estamos ante el inicio de la instalación de una base militar de EEUU a pocos kilómetros de la Antártida? ¿Se pretende entregar el control de un puerto clave para la logística científica, turística y defensiva del Atlántico Sur?
UN EEUU PREPOTENTE FRENTE A LA ANTÁRTIDA
El avión militar de EEUU se posa en la pista helada de Ushuaia como un signo que no necesita traducción. Una oficina en el cielo, equipada con comunicaciones encriptadas, baja sin pedir permiso. El silencio del Gobierno argentino es más estruendoso que el rugido de los motores.
La intervención del puerto fueguino, decretada apenas días antes por el presidente Javier Milei, abre la puerta. No es un gesto administrativo: es la llave entregada a otro poder. La patria se convierte en escenario de una coreografía extranjera.

A partir de la reunión con la jefa del Comando Sur Laura Richardson con Milei la bandera de EEUU flamea en Tierra del Fuego desde abril de 2024.
Los congresistas de EEUU hablan de minerales críticos, de permisos, de residuos. Palabras técnicas que esconden la sustancia: control, extracción, dominio. La geopolítica se disfraza de trámite burocrático. La soberanía se reduce a un expediente.
En la ciudad austral, la inquietud se expande como un rumor eléctrico. Los trabajadores desplazados del puerto, los sindicatos, los vecinos, todos perciben la misma fractura: la patria no fue consultada. El avión aterriza, el puerto se interviene, y la voz argentina se borra.
La Antártida, el Atlántico Sur, la última frontera: todo se vuelve mercancía en un tablero global. La coincidencia no es casual, es estrategia. El hermetismo oficial es complicidad.
La escena recuerda la ausencia de una figura presidencial: fragmentos de poder que irrumpen en la vida cotidiana, un avión que es símbolo, un puerto que es frontera, un presidente que se convierte en operador de intereses ajenos.
No se trata de un episodio aislado. Es la representación de una subordinación estratégica. Una invasión sin disparos, pero con la misma violencia simbólica.
La patria no puede permitirlo. Los argentinos no pueden aceptarlo. El repudio debería ser total.
PREGUNTAS A UN PUEBLO ANESTESIADO
¿Seguiremos indiferentes cuando la patria está en juego, viendo como el puerto fueguino, símbolo de nuestro patrimonio nacional se transforma en una burda mercancía de negociación?
¿No deberían los sindicatos, trabajadores, organizaciones sociales, culturales, políticas, las propias fuerzas vivas de Tierra del Fuego y del país entero levantar la voz contra la desfachatada entrega de soberanía a los EEUU? ¿No deberíamos pedir a nuestros representantes que defiendan el Atlántico Sur y la Antártida como territorios de paz y ciencia y no de militarización extranjera?
¿No deberíamos, en el marco democrático del derecho a la transparencia de los actos del gobierno, requerir el fin del hermetismo oficial y la rendición de cuenta al pueblo argentino sobre los motivos del arribo del personal jerárquico de los EEUU y la defensa irrestricta de la soberanía nacional sobre el puerto de Ushuaia y la proyección antártica?
En este extremo austral, donde la patria se proyecta hacia la Antártida y el Atlántico Sur, no podemos permitir que el silencio oficial se convierta en entrega. Cada argentino y argentina lleva en su sangre la memoria de quienes defendieron la soberanía con coraje, dignidad y patriotismo.
El avión militar que descendió en Ushuaia no es un visitante: es la marca de un poder que se instala sin pedir permiso, es lo que Galeano llamaría una de “las venas abiertas de América Latina” y que este gobierno continúa desangrando con un silencio espantoso que no es prudencia, sino complicidad.
Milei se inscribe como el presidente que más lejos ha llevado la subordinación, no como un error aislado, sino como la entrega más brutal de nuestra historia.
La pregunta ya no es si habrá resistencia, sino si el pueblo argentino aceptará ser espectador de su propia disolución.
El avión en Ushuaia marca la herida abierta de nuestra soberanía, convertida en mercancía. La patria no se vende, la soberanía no se negocia: Argentina de pie.
Alejandro Lamaisón