HIPATIA, LA EXTRAÑA MUJER
Tanto desde la percepción de la filosofía grecorromana como del cristianismo, la mujer ha sido considerada a lo largo de la historia occidental como inferior al hombre tanto psicológica cómo ontológicamente, fundamentado en la asunción de la jerarquía aristotélica en la cual “la mujer se encuentra naturalmente ubicada en una posición inferior”.
En febrero del año 370 d.C. nacía en Alejandría la matemática, filósofa y maestra de la escuela neoplatónica Hipatia. Muchos aspectos de la vida de Hipatia son un misterio y la principal fuente de información que se dispone son los escritos de sus discípulos (Sinesio de Cirene es la mayor fuente de información), dado que su obra fue destruida por el cristianismo.
Su padre e instructor fue Teón de Alejandría, matemático y astrónomo. Siempre se preocupó mucho de la educación de su hija. Según registros de la época, deseaba que su hija fuera «un ser humano perfecto». Es por esto que Hipatia, recibió una educación científica muy completa, dedicándose también a un exhaustivo cuidado de su cuerpo.
Transformada en una mujer bella y sabia, tuvo que rechazar varias propuestas de matrimonio dentro de la elite pagana, dado que su objetivo era entregarse por completo a la ciencia.
Su padre trabajaba en el Museo, institución fundada por Ptolomeo (fundador de la ciudad de Alejandría) y dedicada a la investigación y la enseñanza. Hipatia entró a estudiar allí, se formó como científica en el propio Museo y formó parte de este hasta su muerte, incluso llegó a dirigirlo alrededor del año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos le llamaban «la filósofa».
UNA MUJER DIFERENTE AL RESTO
A partir de las cartas de Sinesio podemos situar a Hipatia como la única mujer filósofa dentro de la polis de ese momento y de la escuela neoplatónica cuyas ideas parten de los pitagóricos, que basaban su sistema de pensamiento en la contemplación y el descubrimiento del cosmos.
Entre sus aportes más importantes a la ciencia fueron las tablas astronómicas y el perfeccionamiento del astrolabio, con lo que introdujo un nuevo cálculo de los valores matemáticos establecidos por los astrónomos antiguos mediante la adecuación del esquema ptolemaico.

Era una mujer «extremadamente hermosa… al hablar era articulada y lógica, sus acciones eran prudentes y de espíritu público… la ciudad la acogió como merecía y le otorgó un respeto especial», según «El léxico Suda», una enciclopedia del siglo X.
Entre sus discípulos más destacados estuvieron el obispo Sinesio de Cirene y Orestes, que llegó a ser prefecto romano de Egipto. Sus contemporáneos decían que era una mujer tan sabia como Palas Atenea y bella como Afrodita; solía cubrirse con el manto de los filósofos y dialogaba con los personajes distinguidos de la ciudad. En su conducta siempre se mantenía serena y ecuánime, lo cual hacía que su opinión fuese aceptada y respetada por todos los demás.
Damascio habla de ella de esta manera: “Puesto que era así la naturaleza de Hipatia, es decir, tan atractiva y dialéctica en sus discursos, dispuesta y política en sus actuaciones, el resto de la ciudad con buen criterio la amaba y la obsequiaba generosamente, y los notables, cada vez que hacían frente a muchas cuestiones públicas, solían aproximarse a ella”.
Sólo adolecía de un defecto: era mujer.
SI ERES MUJER, PERDISTE
En la época que vivió Hipatia el cristianismo se estaba imponiendo en Alejandría, por lo que fue un tiempo de persecución para quienes no se convertían al cristianismo, caso de Hipatia, que formaba parte de la élite pagana fiel a sus antiguas ideas y creencias. A lo que se suma que los primeros cristianos identificaban la ciencia y el conocimiento con el paganismo, y a la mujer intelectual y sabia con la brujería.
Las acusaciones en su contra de blasfema y anticristiana, por el simple hecho de negarse a traicionar sus ideales y dejar el paganismo, propició la emboscada del obispo Cirilo, quién en el año 414 arengó a las masas populares para que la acorralaran y la despellejaran viva. Sin embargo, Hipatia nunca proclamó su antipatía por el cristianismo. Sólo pregonaba conocimiento y belleza.
Tras desnudarla, la golpearon con piedras y tejas hasta descuartizarla y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad, hasta llegar a un lugar denominado Cirineo, que se supone era el crematorio donde la incineraron. Se cree, que entonces tenía 60 años.

Grabado de 1876 que representa el asesinato de Hipatia
Gracias a los escritos de sus discípulos sabemos que escribió libros sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios y confeccionó un planisferio celeste y un hidroscopio para pesar los líquidos.
A día de hoy Hipatia es considerada como la primera filósofa y científica mujer de la historia y su legado podría resumirse en la maravillosa frase de la escritora y feminista Flora Tristán: “El nivel de civilización al que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción de la independencia que han gozado las mujeres”
Alejandro Lamaisón