NEOLIBERALISMO: LA CONDENA ARGENTINA
El mito de Sísifo funciona como metáfora involuntaria: un neoliberalismo paleolítico que retrotrae todo desde cero, sin memoria, sin acumulación, condenado a repetir la fatiga.
Así también parece operar el Estado argentino bajo la administración libertaria: cada visita extranjera, cada convenio firmado sin debate parlamentario, cada apertura de puertas a delegaciones del Departamento de Energía de los Estados Unidos, se procesa como si fuera la primera vez. Sin memoria histórica, sin conciencia de lo acumulado, sin defensa de lo propio.
En los pasillos de los centros atómicos, los trabajadores denuncian la falta de insumos básicos, la precarización, el deterioro institucional. Y al mismo tiempo, la irrupción de comitivas extranjeras con seguridad desmesurada, como si se tratara de un territorio ocupado.

El neoliberalismo en plena entrega de nuestra soberanía: El lunes 4 de mayo, con fuerte despliegue de Gendarmería, el DOE de EE.UU. operó en los Centros Atómicos de Ezeiza, Constituyentes y Bariloche de la CNEA, bajo excusa de controlar material radiactivo
La paradoja del neoliberalismo es descomunal: mientras se suspenden servicios médicos y se pierden cientos de puestos de trabajo, se habilitan recorridos para que empresas privadas —nacionales y extranjeras— puedan observar, evaluar y eventualmente apropiarse de décadas de desarrollo científico.
El reactor CAREM, orgullo de la ingeniería argentina, yace detenido, anegado, con piezas estratégicas dispersas en empresas privatizadas. El RA-10, casi finalizado, se convierte en objeto de deseo para capitales externos. El uranio, recurso estratégico, se ofrece como mercancía en góndolas nucleares. “Argentina es rica en uranio”, había anticipado un funcionario de la Casa Blanca. La frase resuena como sentencia: el patrimonio nacional reducido a insumo de exportación, el cordón umbilical atado al norte.
La narrativa oficial habla de un “plan nuclear”. En realidad, el plan es rifar todo. La Comisión Nacional de Energía Atómica formaliza procedimientos administrativos que permiten a los privados acceder a documentación, instalaciones y proyectos.

Anuncio del “Plan Nuclear Argentino” el 20 de diciembre: Reidel, Milei y Rafael Grossi, de la OIEA.
Como en vitrinas de supermercados, el neoliberalismo exhibe los activos estratégicos de nuestro país para la venta a precios de ocación. La memoria de setenta años de desarrollo nuclear se diluye en un manual de confidencialidad que habilita visitas y contratos. La soberanía tecnológica se convierte en un remate dominguero cuyo martillero es apenas un títere grotesco del imperio.
Los expertos advierten: Estados Unidos busca desmantelar las capacidades locales y obligar a Argentina a comprar tecnología desarrollada en su país. La disputa hegemónica con China se traduce en la subordinación de nuestro país.
LAS MIL Y UNAS ENTREGAS DEL NEOLIBERALISMO ARGENTINO
La entrega de este neoliberalismo vendepatria no es sólo de recursos materiales, sino de conocimiento, de personal formado, de proyectos que estaban a punto de concluir. La empresa Meitner Energy recluta a los mandos medios y a las cabezas del CAREM. La fuga de cerebros se convierte en política de Estado. Todo es extractivismo: de recursos naturales y de conocimiento.
El relato se completa con la precarización laboral, la incorporación de directivos sin experiencia, la renuncia de trabajadores calificados. La institución se vacía mientras se multiplican los anuncios de cooperación y vigilancia.
La visita de delegaciones extranjeras se justifica con pretextos de seguridad internacional, pero en realidad se trata de inspecciones que exceden los convenios vigentes. La diputada Adriana Serquis lo señala: “Queremos saber en base a qué convenio se da esta colaboración y si hay reciprocidad”. La respuesta es silencio o evasiva en redes sociales.

La ex presidenta de la CNEA y actual diputada nacional por Río Negro rechazó las políticas entreguistas del neoliberalismo ultra del gobierno nacional advirtió que «Quieren rifar un desarrollo tecnológico soberano y entregarselo en bandeja a EE.UU».
La escena final es desoladora: terrenos inundados, piezas estratégicas dispersas, proyectos paralizados, trabajadores despedidos. Y al mismo tiempo, la apertura de puertas para que capitales extranjeros se lleven lo que queda. La entrega del patrimonio nacional no ocurre en un acto solemne, sino en procedimientos administrativos, en normativas internas, en visitas guiadas. La soberanía se disuelve en la burocracia.
El ensayo se cierra con una imagen: góndolas nucleares, reactores y uranio exhibidos como productos de consumo. El país convertido en supermercado de recursos estratégicos. La memoria borrada, Sísifo repite su castigo sin sentido . Cada vez que el argentino medio vota a su propio verdugo, el neoliberalismo vuelve a procesar desde cero. Y el resultado es siempre el mismo: la entrega invisible, la repetición del saqueo.
Alejandro Lamaisón