CONCEPCIÓN FILOSÓFICA DEL DASEIN
Vivimos en un mundo formado por entes de todo tipo y variedad: las piedras, la maldad, el logos, los animales, las plantas, las estrellas, y también por el Dasein, al que Martín Heidegger lo considerará un ente especial.
¿Qué es el Dasein? El Dasein es ser- ahí eyectado al mundo. Es el ser en el mundo, lo que Heidegger llama “existenciario”, un ente escupitado al mundo como hombre-mundo. Es conciencia arrojada al mundo.
Dicho de otra manera, es el ser humano que está ahí, en el mundo, con la particularidad de ser el único de los entes que tiene la capacidad de preguntarse a sí mismo por su propia existencia. Este ser-ahí representa la experiencia única y particular de tener la capacidad de reflexionar.
¿Hacia dónde estaría arrojado el Dasein? Hacia sus posibilidades. Nosotros somos posibilidades. El ser humano es proyecto puro. El Dasein, antes que realidad, es posibilidad.
Una piedra no va ser otra cosa que una piedra, un animal no será otra cosa que un animal, pero un ser humano está siempre deseando ser otra cosa. Está proyectándose siempre hacia un futuro.

IMAGEN ARTÍSTICA DEL DASEIN ARROJADO AL MUNDO.
Somos posibilidad. Nuestros posibles nos constituyen dado que tengo infinitas probabilidades en el futuro. Por ejemplo, yo puedo proyectar que voy a salir a la calle para reunirme con amigos o para trabajar, luego programar una cena y dormir, para mañana volver a planificar mi día.
De todas esas posibilidades, hay una que estría incluida en todas. Y esa posibilidad es que me puedo morir. Soy un ser- ahí para la muerte.
Estar eyectado al futuro da miles de posibilidades, pero hay una posibilidad que está presente en todas y es que me puedo morir. Este concepto de existencialismo puro, es el concepto de la angustia analizado por Kierkegaard que retoma Heidegger en “Ser y Tiempo”. En todas las posibilidades está incluida la posibilidad de morir.
Dado que la muerte es la nada, la experiencia de que me voy a morir me aterroriza, me angustia a tal punto que no la quiero afrontar, ya que está presente en todas mis posibilidades. En todos mis proyectos, en todos mis planes está esperando la muerte.
Esta condición de estar eyectado al mundo y tener la posibilidad de morir en todas las posibilidades que se me presentan me angustia tanto que no quiero pensar en la experiencia de la muerte. ¿Por qué tengo tanto miedo a la muerte?
Porque la muerte puede imposibilitar todas las posibilidades. El hombre, al ser para la muerte, se pasa la vida tratando de ocultarse y de que le oculten que es un ser para la muerte. Se aturde para negarla. No quiere ni pensar en que va a morir.
Para negar la muerte, el ser- ahí, el Dasein, ese ser humano angustiado se entrega a la existencia inauténtica para ocultar su pánico existencial.
Por consiguiente, ese Dasein inauténtico empieza a formar parte del mundo del “se dice”.
Se dice que hay que leer los libros mejores antes de morir, que hay que ver tal película, que hay que comer liviano para estar saludable, que el gimnasio es calidad de vida, etc. Este Dasein inauténtico, que estaría determinado por todo lo que le dicen desde afuera, lo acepta sin discutir. Adopta la pasividad de ser uno más del montón y para no hacerse mala sangre, inmerso en el mundo de lo anónimo, ya no es él, sino lo uno, pues va a formar parte de una totalidad unificada.
“Uno” es en el modo del “estado de ser no en sí mismo” y la “impropiedad”. El uno es el existente que no elige sus posibilidades como posibilidades propias, sino que toma las posibilidades como algo ya dado y determinado por uno cualquiera.
EL DASEIN NEGADOR Y EL DASEIN CONSCIENTE
El Dasein quiere unirse a ese anónimo para ser uno más y no pensar por sí mismo, para no tomar conciencia de que se va a morir y de que nadie puede morir por él.
¿Cómo niega entonces el Dasein la posibilidad ineluctable de que se va a morir? Convenciéndose de que la muerte les pasa a los otros y que a él no le va a suceder.
El hombre vivo es un ente que existe, pero el que se muere deja de existir, por lo tanto, ni siquiera se nombra o se lo disfraza con otras palabras como por ejemplo “fiambre”, ya que no tiene existencia. La muerte es un cortejo fúnebre que pasa ante mí, como un espectáculo que miro como espectador negador de la muerte. Es la negación inauténtica de que eso me va a pasar a mí también, tarde o temprano.
¿Qué es entonces la existencia inauténtica y su fundamento?
Si el fundamento de la existencia inauténtica era negar la finitud, el fundamento de la existencia auténtica es aceptar y enfrentar esa finitud.

CUANDO EL DASEIN TOMA CONSCIENCIA DE SU FINITUD, LA ENFRENTA Y LE DA ENTIDAD A SU EXISTENCIA.
Tomar conciencia de que se es “el ser para la muerte” da densidad a la existencia, la hace palpable, le da cuerpo y se materializa tanto en el arte cómo en la industria. Dicha existencia no se disuelve en lo uno, ese lugar en el que se dice que es lo que tenemos que pensar o hacer, sino que trasciende lo material.
En conclusión: El existencialista auténtico es aquel que no se deja sofocar por las habladurías, que no lee lo que hay que leer, que no escucha lo que hay que escuchar, que no se somete al poderío y al señorío de los otros, sino que decide por sí mismo sabiendo que va a morir.
El verdadero existencialista se separa del mundo, enfrenta la angustia de que nadie puede morir por él, elige lo que quiere ser, habla de lo que quiere hablar y piensa lo que quiere pensar. A partir de ese momento es libre.
La existencia inauténtica, al no poder enfrentar su finitud, se entrega a la vida liviana, efímera y conformista, aceptando todo lo que “se dice que”, todo para sofocar la angustia de saber con certeza de que se va a morir.
Se niega aceptar que la existencia tiene misterios, y que el misterio fundamental de la existencia es esa capacidad asombrosa del Dasein de saber que va a morir y seguir viviendo entre risas, broncas y proyectos de vida.
En la vida inauténtica, todo misterio pierde su encanto, porque yo no voy detrás de nada nuevo, sino que voy detrás de lo que ya se ha dicho y hecho, de lo establecido, de lo instituido, sólo para formar parte de lo uno; triste objeto/ente que se disuelve en el anonimato, ese lugar creado precisamente para que los hombres no tomen conciencia de nada.
Ese mundo del “se dice” está constituido para que el Dasein no tome conciencia de sí mismo, que no tenga capacidad de reflexión y que pierda todo sentido crítico de la historia. El “se dice”se aferra a lo instituido y anula lo instituyente.
El ser ahí, ese ente eyectado al mundo, tiene una particularidad con respecto a otros entes. El Dasein se pregunta por el ser, mientras que todos los demás entes no. Aquí Heidegger encuentra al hombre, a ese ser irrepetible que es eyectado al mundo y que se angustia. Este hombre es el que se pregunta por el ser.
Si hay preguntas por el ser, es porque hay Dasein. El Dasein es el único ente que sabe que va a morir. Está el “aún no” y está el “lo que falta”. ¿Por qué existe la muerte para el Dasein? Porque el Dasein es posibilidad, porque estamos arrojados hacia nuestros posibles. Siempre estamos en como escupitados hacia el futuro. Existen posibilidades de que “más tarde te vea en tal lado”, de que “mañana me vaya al Caribe” o que “pronto me jubile”, pero en cada una de esas posibilidades también me puedo morir.
Por eso Heidegger es el maestro del existencialismo.
La existencia inauténtica vive para negar que se va a morir indefectiblemente. Se atosiga de novedades, de materiales, de habladurías, para sofocar la idea de la muerte. Por el contrario, la existencia auténtica asume la muerte.
Nadie puede morir por mí. Como nadie puede morir por mí, esa posibilidad es individual e intransferible. Esta posibilidad es aisladora. Me aísla porque al ser sólo yo el que puede morir por mí me aísla de los demás y me quedo sólo.
EL DASEIN PARA LA MUERTE
El Dasein muere cuando el “aún no”, el “todavía me falta hacer” ya no existe. Es el fin. Ya no hay proyectos ni posibilidades de nada.
Para Heidegger, el hombre, al morir, no es una totalidad, simplemente deja de ser porque el ser del hombre es posibilidad. La muerte aniquila mi posibilidad de ser. La muerte es dejar de ser posibilidad. Este dejar de ser posibilidad es la incapacidad del ser ahí para totalizar. Deja de ser posibilidad y se transforma en un “fiambre”. No es un hombre que murió, sino una cosa, un fiambre.
Ya no es un Dasein, no tener posibilidad de ser.
Por otro lado, la muerte es inminente. Al Dasein le es inminente morir y esta inminencia es una constante en la vida del hombre. De todas las inminencias posibles, la muerte es infalible.
Por lo tanto, si el Dasein piensa auténticamente que la muerte le es inminente, ahí si va a cerrar de él, proyectando hacia el futuro su totalidad, porque la va a terminar desde su existencia. Ya no puedo armar un sistema de referencias porque la muerte no refiere a nada.
El mundo es un sistema de signos que siempre refieren a algo. La muerte no referencia a nada. La muerte sólo se refiere a mí. Yo soy el que muero. La muerte es yo.
Todos los entes refieren a algo: un clavo, un martillo y cuadro refieren a que cuelgo en la pared el cuadro. La muerte, en cambio, no refiere a nada. No hay signos que señalen la muerte. La muerte es propia, es irreferente, sólo se refiere a mí y es irrevasable, porque más allá de la muerte no hay nada.
La muerte no me lleva a ninguna parte, por lo tanto, mi muerte es irrepetible, irreferente e irrevasable.
En este sentido ¿Quién construye ese mundo inauténtico, del anonimato que posibilita que yo me incluya en él y que mi vida se disuelva en lo uno total para no pensar en la muerte?
Ese universo inauténtico lo constituyen los “poderosos otros”. Cuando yo acepto ese mundo estoy bajo el señorío de los otros. ¿Quién es el señorío de los otros? Pues son los medios de comunicación y las redes sociales.
Los medios de comunicación crean sentido y formatean las conciencias. Son modeladores de conciencias que colonizan la subjetividad de los sujetos, de manera tal que los sujetos son sujetados por los medios de comunicación.

EL DASEIN MODELADO POR «LOS PODEROSOS OTROS»
De esta manera, los sujetos son sometidos al señorío de los otros, a la voluntad de los poderosos dueños de los medios de comunicación.
Ese señorío de los “otros poderosos” elimina toda posibilidad de vida auténtica, de tal manera que vivimos repitiendo las ideas que nos dicen, comprando las cosas que nos dicen que tenemos que comprar, los programas que tenemos que ver, hasta dejar aniquilada toda posibilidad crítica de la conciencia.
Para Heidegger, lo más demoníaco de la inautenticidad en el mundo contemporáneo es la publicidad, dado que le dice al ser humano lo que tiene que consumir y hacer, a quien votar, que vino tomar, etc. En definitiva, ésta trabaja en contra de la autenticidad de la gente.
Asimismo, también forma parte de la existencia inauténtica la avidez de novedades. ¿Qué hay de nuevo, viejo? La moda que cambia cada seis meses, el libro del año. Esa avidez de novedades hace que no me detenga en nada. Me hacen saltar de una cosa a la otra sin darme tiempo a la reflexión. No tengo tiempo de profundizar en nada.
A este fenómeno, Heidegger lo denomina “Errancia”, lo que muchos han criticado por ser un concepto antisemita al relacionarlo con la obra “El Judío Errante”.
Otro típico ejemplo de la existencia inauténtica es “las habladurías”. Se dicen cosas, se repiten y se propagan sin corroborarlas. Nada se chequea y al final todos terminamos diciendo lo que se dice. ¿Quién dijo lo que se dice? ¿Quién tuvo el poder necesario para que renunciemos a buscar nuestra propia voz?
En la actualidad son ineluctablemente los medios de comunicación los que pensarán por nosotros de manera tal que, si alguien se atreve a dudar de la autenticidad de esa voz, automáticamente se transformará en subversivo.
Triste destino para aquel que ha elegido la vida inauténtica para no pensar en la muerte. Pasarse la vida bajo el señorío de los otros y nunca decir una palabra propia es, paradójicamente, lo mismo que no haber existido, o lo que es más escalofriante, es cómo haber vivido toda una vida como el gato de Schrödinger, el cual se encuentra en una superposición cuántica de estar vivo y estar muerto al mismo tiempo.
Alejandro Lamaisón