LOS ECOS DEL COLAPSO
Hay un zumbido en la economía argentina previa al colapso. No es inflación. No es recesión. Es algo más profundo. Un ruido blanco que emana de las estructuras, de los discursos, de los algoritmos que repiten la historia como si fuera un conjuro.
Podría decirse que la historia no se repite como tragedia ni como farsa, sino como algoritmo.
Octubre de 2025. El gobierno de Javier Milei llega a las urnas con una economía en trance. Pablo Tigani lo llama “ecos de 2001”. Pero no es eco. Es repetición. Es simulacro. Es la convertibilidad reescrita como déficit cero. Es el ajuste como dogma. Es Washington como voz en off.
En 2001, Fernando de la Rúa perdió las elecciones legislativas y con ellas el último sostén político de la convertibilidad. En 2025, Milei enfrenta un calendario electoral con fragilidad institucional, dependencia externa y un experimento monetario que no se sostiene por sí solo.

La antesala al colapso: protesta masiva en contra de las medidas económicas de Milei
La historia no vuelve. Se reconfigura y el umbral no es una puerta. Es una trampa. Es el lugar donde el pasado se disfraza de futuro.
CONJURO LIBERTARIO EVITA COLAPSO
En la antesala al colapso, Milei no gobierna. Invoca. Habla de libertad mientras recorta derechos. Habla de mercado mientras destruye empresas. Habla de éxito mientras se cierran 18 mil pymes. El país se convierte en planilla de Excel. La política en algoritmo. El ajuste en espectáculo.
La convertibilidad fue un programa. El déficit cero es un dogma. En ambos casos, el resultado es el mismo: parálisis, exclusión, colapso. Pero esta vez hay algo distinto. Esta vez hay narrativa. Esta vez hay conjuro.
El presidente no habla. Hechiza a los fanáticos. Cada palabra es una fórmula. Cada gesto, una invocación. El hechizado no escucha. Cree.
El umbral se ha transformado en estructura y Argentina vive en ese umbral. No entra ni sale. No colapsa ni se recupera. Flota. Suspende. Repite. Octubre es el mes de los giros trágicos. Octubre es el mes de las decisiones que no se toman. Octubre es el mes donde la historia se convierte en ruido.
Tigani advierte que la política fiscal contractiva y la fragilidad política podrían desembocar en una deriva financiera y social. Pero la deriva ya comenzó. No se ve en los indicadores. Se ve en los cuerpos. En los silencios. En la forma en que se naturaliza el ajuste. En cómo se convierte la precariedad en paisaje.
En este sentido, el colapso no es un evento. Es una atmósfera. Es el aire que se respira. Es el fondo que nadie mira.
EL COLAPSO COMO ESPECTÁCULO
No hay nostalgia en este retorno previo al colapso. No hay memoria. Hay repetición sin contexto. Hay decisiones que ya fueron tomadas. Hay errores que ya fueron cometidos. Pero se presentan como nuevos. Como disruptivos. Como libertarios.
La Argentina de Milei no es la Argentina de 2001. Es su simulacro. Es su versión editada. Es su reescritura sin actores secundarios. El FMI no es amenaza. Es aliado. Washington no es condicionante. Es guionista.
Alguien tiene que saberlo. El país no está gobernado. Está narrado. Cada medida es un capítulo, cada recorte, una escena y cada voto, una línea de diálogo, todos con final abierto.

Set de filmación de un capítulo de «El Eternauta»
Argentina está en el umbral. Pero no hay puerta. No hay salida. No hay resolución. Solo hay repetición. Solo hay conjuro. Solo hay espectáculo.
Como en una de las escenas de «El Eternauta», en la que Juan Salvo mira al cielo sin buscar respuestas, pero con la certeza de que “El futuro no es lo que viene. Es lo que ya pasó. Pero con otro nombre.”
Alejandro Lamaisón
Fuentes: Ámbito Financiero y Minutouno.com