LA FICCIÓN DEL MODELO
Caputo, “sacado”, hablando de brujerías y riesgo kuka, es un personaje de ficción. La guerra en Medio Oriente se filtra en su discurso como ruido de fondo, un eco que desarma cualquier plan económico. El petróleo sube, la inflación se recalienta, y el ministro se aferra al teléfono como si fuera un altar de velas. El campo lo aprieta, los bancos lo acorralan, la industria se fragmenta. Todo vibra con un tono de colapso.

La ficción del modelo libertario como si fuera una revelación cienífica.
Milei y Sturzenegger publican simulaciones del “modelo Neumeyer-Perri” como si fueran revelaciones matemáticas. Hablan de un PBI que “vuela a ritmos chinos sin riesgo kuka”. La ficción se instala: el kirchnerismo como culpable absoluto, el riesgo país como demonio. Pero la evidencia histórica contradice esa narrativa: entre 2004 y 2015 la economía argentina creció de manera sostenida, incluso con riesgo país elevado. La expansión del empleo, el consumo y la producción industrial fueron hechos palpables, no teorías abstractas.
LA PARANOIA COMO POLÍTICA-FICCIÓN
El discurso libertario funciona como una novela de ciencia ficción paranoica: enemigos invisibles, conspiraciones, modelos matemáticos que prometen paraísos. Caputo pide que la gente saque dólares del colchón, Milei sermonea con citas de Mises y Hayek, Sturzenegger se disfraza de académico. Todo es performance, un teatro de cifras y gritos. Pero detrás, la morosidad de las familias trepa al 11%, las fintech cobran 500% de costo financiero, y la industria se quiebra.
El nuevo spot del Banco Nación para que la gente saque los dólares del colchón
La idea de que el kirchnerismo “destruyó” la economía es una construcción discursiva, repetida hasta volverse dogma. En realidad, los grandes saltos del riesgo país ocurrieron en 2001 y 2018, bajo gestiones liberales. La expansión de 2004-2015, con récord de crecimiento y reducción de pobreza, queda borrada del relato oficial. La ficción se convierte en imaginario social, sostenida por simulaciones y slogans, mientras la realidad presente muestra un país estrangulado por tasas, retenciones y deuda imposible.
EL RUIDO QUE INTERRUMPE LA FICCIÓN
La ficción se tambalea cuando se escucha un murmullo de voces que interrumpen el relato: banqueros que advierten, industriales que no venden, productores que especulan, ministros que deliran. El ruido blanco de la crisis se mezcla con la debilidad del modelo. La economía argentina se convierte en un relato de paranoia y negación, donde la verdad histórica se oculta bajo el grito del “riesgo kuka”. El resultado: un plan económico inviable, sostenido por la ficción y por la obsesión de un gobierno que confunde teoría con realidad, dogma con empirismo, liderazgo con destrucción.
DESENLACE INESPERADO: EL CISNE NEGRO
El cuadrado imposible: deuda, tasas, déficit, inflación. Caputo lo sostiene como quien carga un artefacto inestable, un objeto que vibra y amenaza con estallar. Todo parecía sincronizado: cosechas abundantes, Vaca Muerta exportando, Congreso alineado, Trump como garante externo. Una coreografía diseñada para que el gobierno transitara hacia las elecciones sin sobresaltos. Pero apareció el cisne negro: la guerra contra Irán.

La guerra terminó con la ficción
De pronto,el equilibrio se quebró. El ruido del conflicto en Medio Oriente se filtró en los mercados, en los bonos, en las tasas. La deuda volvió a ser problema. El AO27, que en febrero captó 250 millones, ahora se enfrenta a un mercado que exige más, que duda, que se refugia en el oro. El riesgo país sube como un termómetro en fiebre. Los analistas hablan de “prueba de fuego”, pero en realidad es un incendio que se propaga por las grietas del modelo.
EL ESPEJISMO DEL FINANCIAMIENTO
Los depósitos en dólares superan los 39 mil millones. Una cifra inédita, un espejismo. Los dólares no salieron de los bancos, pero tampoco se convierten en confianza. Nadie quiere canjearlos por bonos a 19 meses. La lógica de la incertidumbre manda: huida hacia lo seguro, abandono de lo frágil. Argentina queda atrapada en esa lógica, como un personaje de ficción posmoderno que cuelga peligrosamente del mercado.

Un plan atado peligrosamente al mercado
El petróleo trepa a 93 dólares. Las tasas en pesos suben. El Tesoro se enfrenta a licitaciones que ya no garantizan renovaciones. El financiamiento se encarece, se achica. Alejandro López Mieres lo advierte: “Este esquema está atado al mercado, pero sólo es sostenible a tasas bajas”. La frase suena como un mantra roto. Subir la tasa significa dinamitar el superávit fiscal. Y la inflación se alimenta de ese mismo fuego. Los dos pilares del castillo de naipes -precios y equilibrio fiscal- se derrumban al mismo tiempo.
REALIDAD VS. FICCIÓN: EL RUIDO BLANCO DE LA CRISIS
La fragilidad externa desnuda las debilidades internas. El Banco Central ya no es prestamista de última instancia. La recaudación cae. El Tesoro se queda sin alternativas. El modelo se revela como un dispositivo narrativo más que económico: un relato que se sostenía en la ilusión de estabilidad, en la ficción de que el riesgo podía ser domesticado.
Pero la guerra, el petróleo, las tasas, los bonos, todo se convierte en ruido blanco. Voces superpuestas: analistas, banqueros, ministros, productores. Cada uno repite su frase, su alarma, su cálculo. Conclusión: es el ciudadano de a pie el que queda atrapado en la paranoia de un sistema que se desmorona mientras insiste en que todo está bajo control.

La vida real del ciudadano de a pie rompe con la ficción de un relato que resulta imposible sostener.
Es hora de despertar. De romper el hechizo. De recordar que la economía no es un simulacro, sino la vida concreta de millones. Que la libertad no se mide en slogans, sino en derechos. Que el futuro no se construye con dogmas, sino con dignidad.
El pueblo argentino tiene en sus manos la llave para salir del laberinto de espejismos. La pregunta ya no es “¿quién paga las cuentas?”, sino ¿quién se atreve a dejar de vivir en la ficción?
Alejandro Lamaisón
Fuentes: “El verso del “riesgo kuka”de Andrés Asiain y Bernardo Del Zorro. Página 12
«¿Y ahora quién paga las cuentas?» de Raúl Dellatorre. Página 12