EVA
Eva era pura luz que brilló demasiado.
Cuando murió, esa pasión se concentró en un espacio del universo donde todos los actos, todos los tiempos (presente, pasado y futuro), ocupan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia.
Es precisamente, dentro de esa esfera infinita en donde se encuentra la voluntad, que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios no es sino una gran voluntad que penetra las cosas todas por obra de su intensidad.
Seres como Eva no se doblegan a los ángeles, ni ceden por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad.
Por ende, el ímpetu obstinado de Eva trascenderá la muerte y estoy seguro de que la volveremos a encontrar en la mirada herida del pobre o en algún lugar del tiempo, sin la premura de la existencia fugaz.