CALLAR A WIKILEAKS
El 19 de junio de 2012, el creador de WikiLeaks Julián Assange, paladín de la lucha por la libertad de información, se vio obligado a refugiarse en Londres en las oficinas de la embajada de Ecuador, perseguido por el Gobierno de Estados Unidos y de varios de sus aliados.
El 11 de abril de 2019, traicionado por el presidente Lenin Moreno, Ecuador deja de dar asilo a Assange y le retira la nacionalidad ecuatoriana que le había sido concedida en 2017. Inmediatamente es detenido por las autoridades británicas dentro de la embajada del Ecuador en Londres, en respuesta a la petición de extradición del gobierno estadounidense.
Luego de haber pasado 1.901 días en la prisión de máxima seguridad de Belmars en condiciones infrahumanas, el 24 de junio, el Tribunal Superior de Londres le concedió la libertad bajo fianza y fue liberado en el aeropuerto de Stansted.
Pese a que el poder del imperio americano intentó destruir su imagen haciéndolo pasar por un monstruo, que trabajaba para los rusos, que era un ego maníaco y un violador, prácticamente todos los organismos de derechos humanos, derechos civiles, libertad de expresión y derecho a la información de todo el mundo, reclamaron su libertad.
Asimismo, presidentes de todo el mundo, sindicatos de periodistas de todo el mundo y dueños de medios de todo el mundo, junto a millones de rostros anónimos de todo el mundo solicitaron su absolución.
Y ese día llegó. No por respeto a los derechos humanos, sino por la típica hipocresía que caracteriza al “gendarme del mundo” que exporta su autopercepción de ser el paladin de la democracia mientras sostiene Guantánamo y financia guerras.
Assange subió a un avión, y de ahí partió rumbo a las Islas Marianas para firmar un acuerdo judicial con Estados Unidos, acuerdo en el que se declara culpable de crímenes que no cometió, para finalizar su viaje rumbo a Australia, su tierra natal.
El motivo de tanta tortura: Haber fundado WikiLeaks. Esta maravillosa creación del periodista australiano ha encendido acalorados debates en todo el mundo sobre si WikiLeaks hizo prosperar o no la causa de la libertad de prensa, si resulta bueno o malo para la democracia, si se debe o no censurar esta plataforma.
Lo que sí es seguro es que el papel de WikiLeaks en la difusión de medio millón de informes secretos relativos a los abusos cometidos por militares en Afganistán y en Irak, y de unos 250.000 comunicados enviados por las Embajadas de Estados Unidos al Departamento de Estado, constituye “un hito en la historia del periodismo” que ha marcado un antes y un después.
WikiLeaks fue creada en 2006 por un grupo de internautas anónimos, con Julián Assange como portavoz, y asumió la misión de recibir y hacer públicas filtraciones de información (leaks) garantizando la protección de las fuentes.
Su principal manantial de información secreta: Chelsea Manning, una exsoldado transgénero y analista de inteligencia del ejército de los Estados Unidos que le ofreció información para ser publicada y Assange aceptó, como todo buen periodista.

Una de las principales informantes de WikiLeaks, Chelsea Elizabeth Manning (nacida como Bradley Edward Manning), el 17 de diciembre de 1987).
Luego publicó esa información asociado a cinco de los medios más importantes del mundo, entre ellos el New York Times, que ganó nada menos que un Pulitzer por publicar la información que le compartió Assange.
WIKILEAKS PARA TODO EL MUNDO
Desde su creación, WikiLeaks ha sido un festín permanente de secretos, una auténtica fábrica de primicias. Ha difundido tanto o más revelaciones que muchos prestigiosos medios de comunicación en décadas.
Entre los mayores escándalos que sacó a la luz destacan: los documentos que denunciaban las técnicas utilizadas por el banco privado suizo Julius Baer Group para facilitar la evasión fiscal; el manual de procedimiento penal del Ejército norteamericano en la base de Guantánamo; la lista de nombres, direcciones, números de teléfono y profesiones de los miembros del Partido Nacional Británico (BNP, de extrema derecha) en la que figuraban policías; la lista pormenorizada de correos electrónicos intercambiados con el exterior por las víctimas de los atentados del World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001.
También develó los documentos que probaban el carácter fraudulento de la quiebra del banco islandés The New Kaupthing; los protocolos secretos de la Iglesia de la Cienciología; el historial de los correos personales enviados durante la campaña electoral por Sarah Palin, candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos, a John McCain desde su ordenador profesional (lo que la legislación estadounidense prohíbe).

WikiLeaks publica documentos internos de la Iglesia de la Cienciología en los que la exponen cómo una secta peligrosa y un negocio manipuilador con ánimo de lucro.
Asimismo, dio a conocer los expedientes del juicio del asesino Marc Dutroux, incluido el listado con los números de teléfono, cuentas bancarias y direcciones de todas las personas investigadas en este célebre caso de pedofilia; sin olvidar los recientes “Papeles de Panamá”, difundidos el pasado mes de abril.
Hoy, el mundo tiene la esperanza de que las libertades que aseguran una democracia empobrecida por la crueldad del mercado, aún no estén perdidas gracias a Julián Assange.
Según Santiago O’Donell, “en estos tiempos en que casi todo se sabe, pero muy pocos pueden acceder a esa cuasi totalidad informativa es imperativo revelar secretos para que la información circule y el conocimiento se democratice. Si la información no circula las democracias mueren. Ahora que la posverdad, fake news, comunicación corporativa y reportería militante disfrazadas de periodismo se adueñaron del espacio noticioso, el último refugio que le queda al periodismo en serio es ir a la fuente originaria, al documento probatorio incontrovertible”.
Buena vida, Julián Assange. Y gracias.
Alejandro Lamaisón